La huella ecológica es una unidad de medición para cuantificar los recursos naturales que tenemos y consumimos. Este indicador de sostenibilidad nos permite medir el impacto que nuestro modo de vida tiene sobre el entorno, expresado en la cantidad de terreno biológicamente productivo que se necesita para crear los recursos necesarios para mantener el estilo de vida de una persona.

 


La huella ecológica se analiza en función de la demanda y de la oferta de recursos naturales. Este indicador de sostenibilidad permite sintetizar fácilmente el consumo y capacidad que tiene un territorio concreto y su influencia en otras áreas geográficas.

La demanda de huella ecológica se obtiene calculando los activos ecológicos que requiere una población determinada para producir los recursos naturales que consume y para absorber sus desechos. Para obtener este resultado analiza seis superficies productivas:

  • Tierras de cultivo. Superficies con actividad agrícola y que constituyen la tierra más productiva ecológicamente hablando.
  • Tierras dedicadas a la ganadería (pastos). Espacios utilizados para el pastoreo de ganado, en general considerablemente menos productivos que las agrícolas.
  • Superficie urbanizada. Considera las áreas urbanizadas y las ocupadas por infraestructuras.
  • Áreas Forestales. Superficies forestales ya sean naturales o repobladas, pero siempre que se encuentren en explotación.
  • Demanda de carbono en la tierra (Absorción de CO2). Superficies de bosque necesarias para la absorción de las emisiones de CO2, debidas al consumo de combustibles fósiles para la producción de energía.

La oferta de huella ecológica o biocapacidad de un territorio (ciudad, municipio, región o estado) representa la productividad de sus activos ecológicos. Estas áreas, especialmente si no se cosechan, también pueden absorber gran parte de los desechos que generamos, especialmente nuestras emisiones de carbono.

La huella ecológica se expresa en hectáreas globales, hectáreas estandarizadas a nivel mundial para su comparación.

El concepto surge a principios de 1990 por Mathis Wackernagel y William E. Rees (de la Universidad de British Columbia, en Canadá), que diseñaron y conceptualizaron el indicador ambiental llamado Huella Ecológica. El objetivo de este indicador fue relacionar el incremento de la población humana y su consumo, con el hecho de que la superficie productiva y el capital natural permanecen constantes o bien están en declive. Estos autores partieron del concepto de la Capacidad de Carga o Biocapacidad, principio que describe “el número máximo de individuos de una especie en concreto, que puede sustentar un hábitat determinado, sin sufrir un impacto negativo signifcativo”.

M. Wackernagel y Rees definieron el concepto en el libro Nuestra huella ecológica (1996) como: “una medida de cuánta tierra y agua productivas requiere un individuo, una ciudad, un país o la humanidad, para producir los recursos que consumen y para absorber los desechos que generan”.

Este indicador puso de relieve la sostenibilidad de las prácticas actuales de consumo y producción. A pesar de las ventajas del cálculo de la huella ecológica, también recibió fuertes críticas. Entre esas críticas destaca la suposición de que la tecnología empleada es la misma en todos los territorios a lo largo del tiempo, además no contempla impactos ambientales específicos (como los vertidos) .

Visión internacional de la huella ecológica

En la web footprintnetwork.org  podéis consultar la evolución de la huella en cada país. En el siguiente Link podéis comprobar si vuestro país presente déficit o superávit de recursos naturales.

Cálculo de la huella ecológica

Si queréis saber vuestra huella ecológica existen varias webs para calcularlo:

https://www.footprintcalculator.org/

http://ecologicalfootprint.com/

Calculadora de huella ecológica

Llevamos años que  la sociedad humana consume excesivamente, con una huella global que superó la biocapacidad global en más del 68% en 2013. Este exceso reduce el capital natural del que depende la sociedad humana, reduciendo las existencias y llenando los sumideros de desechos. La depredación del medio hace muy necesario cambiar nuestros hábitos de consumo.

A pesar de que no la huella de carbono no es un indicador de sostenibilidad perfecto, presenta una gran ventaja que es muy fácil de comprender y transmitir.