En los últimos años el concepto de “smart cities” (ciudades inteligentes) ha ganado peso en en todo el mundo, algo que, en parte, es debido al hecho de que como sociedad, ya somos esclavos de todo lo smart (smartphone, smarthome, smartcar…).

Como seguro ya sabéis porque os lo hemos contado, las smart cities se apoyan en el desarrollo de sistemas urbanos basados ​​en tecnología para impulsar una gestión urbana eficiente y económica. Esto puede ser cualquier cosa, desde sistemas wifi públicos en toda la ciudad hasta la provisión de medidores de agua inteligentes en hogares individuales. Se dice que cualquier elemento que utilice tecnologías de la información y la comunicación para hacer una ciudad más eficiente o más accesible se incluye en el ámbito de la “smart city”.

Las smartcity se apoyan en el desarrollo de sistemas urbanos basados ​​en tecnología para impulsar una gestión urbana eficiente y económica.

La mayoría de los urbanistas, informáticos, geógrafos e ingenieros están ocupados investigando cómo construir ciudades inteligentes y qué características darles. Pero también es importante preguntarse quién puede vivir en ellas y qué significa ser ciudadano de una smart city. 

 


Las smart cities crean ganadores y perdedores

Las proclamas de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y los especuladores…, que ensalzan a la smart city como la solución a todos los males urbanos, han ahogado las críticas de las ciencias sociales sobre los problemas humanos que crean.

Estos problemas son particularmente evidentes en smart city construidas como Dholera, India, donde los agricultores han sido desposeídos de sus tierras para construir la ciudad; en Masdar en los Emiratos Árabes Unidos, que sacrificó sus características de cero emisiones de carbono después de la crisis financiera mundial; y en Songdo, Corea del Sur, que hasta ahora sigue siendo una ciudad fantasma.

Todas estas ciudades han incumplido sus grandiosas promesas de abordar los problemas que acompañan a la migración, el crecimiento de la población urbana y el cambio climático.

Por otro lado, hay smart cities modernizadas, que se enfocan en atraer inversiones a distritos comerciales y vecindarios urbanos. Agregan funciones inteligentes como reciclaje de desechos electrónicos, medidores de agua inteligentes y más a la infraestructura existente. Desafortunadamente, este enfoque crea ganadores y perdedores, dependiendo de quién acceda y pague por estos desarrollos. La mayoría de las veces, los “perdedores” son aquellos cuyos intereses no están protegidos por las políticas de ciudades inteligentes.

En conjunto, las smart cities nuevas y modernizadas crean un desarrollo geográfico desigual.

En conjunto, las smart cities nuevas y modernizadas crean un desarrollo geográfico desigual. Además, marginan a los agricultores, los trabajadores informales, los microempresarios y los pueblos indígenas que viven en aldeas, pueblos pequeños y barrios urbanos pobres. Sin embargo, los países en desarrollo todavía apuestan por ellas como buenos ejemplos de innovación urbana.

¿Qué se puede hacer?

Los investigadores deben comprender cómo las smart cities están afectando los derechos de los ciudadanos, la libertad de expresión y la participación en la política democrática. Estas preocupaciones deben colocarse al frente y al centro de las agendas nacionales de ciudades inteligentes.

Niños pobres en un barrio de Bombai (India)

Las ciudades inteligentes deberían encontrar formas de fomentar más esfuerzos de base para interactuar con los ciudadanos marginales. Un buen ejemplo son los ejercicios de mapeo colectivo  llevados a cabo por los propios ciudadanos como una manera sencilla de geolocalizar los problemas. Un ejemplo de buen uso del mapeo colectivo es el caso de los niños de los barrios marginales de la India, que obligaron a los responsables políticos a reconocer sus derechos a los servicios urbanos básicos.

Necesitamos políticas que nos permitan medir de cerca nuestro progreso, reflexionar sobre los retrocesos a corto plazo y crear una base de datos completa de ciudades inteligentes para el futuro.