Si recientemente se compró un par de pantalones vaqueros o se comió una hamburguesa para cenar, seguida de una rica taza de café, probablemente no relacionó el tacto del algodón o el aroma de la comida con la cantidad de agua que se usó para producirlos.Podría ser una buena idea empezar a pensar en ello.

Hay más en una taza de café que los apenas 125 ml de agua del contenido: para cultivar los granos de café necesarios para una taza se necesitan unos sorprendentes 140 litros de agua. La producción de una hamburguesa exige 17 veces más: 2.400 litros.

Sólo 1 kg de algodón (piense en unos pantalones vaqueros) requiere 10.000 litros de agua para cultivar el algodón, teñirlo y lavarlo.

Es por eso por lo que importa nuestra huella hídrica, el impacto que nuestras actividades tienen en los recursos de agua potable. Nuestras decisiones sobre lo que consumimos afectan a los recursos acuíferos en los lugares donde se realiza la producción.Y muchos de ellos, como los principales productores de algodón del mundo, China e India, o de café, como Colombia, pueden estar sufriendo problemas con el agua.

Según Ruth Mathews, directora de la Water Footprint Network, que promueve la sostenibilidad y eficiencia del uso del agua, es el momento no sólo de que las grandes compañías – muchas de las cuales han comenzado a calcular su huella hídrica – sino también para que los individuos sean conscientes de los efectos de su consumo.

«Si continuamos mejorando nuestra calidad de vida en términos de la cantidad de productos que consumimos, más y más personas vivirán con escasez de agua», dijo Mathews a la Fundación Thomson Reuters en una entrevista telefónica desde Holanda.

Una persona media en Reino Unido usa alrededor de 150 litros de agua al día, una cifra que se incrementa hasta más de 4.500 litros por día, cuando se calcula el «agua oculta». Sin embargo, casi 750 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a agua potable.

Leer noticia completa

Fuente: www.es.reuters.com