Es de bien nacidos ser agradecidos, reza el dicho popular. El problema es que la velocidad a la que transcurren las cosas hace que, con frecuencia, se nos olvide a quién debemos agradecimiento. Uno de esos olvidados es Marc Pallemaerts, fallecido repentinamente el pasado 2 de mayo a los 53 años. Académico experto en derecho internacional y relaciones internacionales, dedicado con pasión a la docencia y activista ilustrado y solvente de los derechos humanos y del derecho ambiental internacional; fue, entre otras cosas, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, miembro del Comité de Cumplimiento del Protocolo de Kioto, integrante del consejo académico del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) y, durante un periodo especialmente crítico, jefe de la delegación belga en las negociaciones internacionales de cambio climático.

Ejerció esta última responsabilidad en un tiempo clave. Lo era cuando, en noviembre del año 2000, Bush ganó las elecciones presidenciales en EE UU. Pocas semanas después, durante la sexta cumbre de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en La Haya, en un intento desesperado por lograr que el Protocolo de Kioto pudiera entrar en vigor, la UE decidió buscar un acuerdo con la delegación encabezada por el vicepresidente en funciones y candidato a la Casa Blanca, Al Gore.

El resultado fue tan desastroso que aquella cumbre no se clausuró y su presidente, el ministro holandés Jan Pronk, asistido por su entonces director general, Yvo de Boer, anunció la celebración de una segunda parte antes de agosto. En los meses siguientes, Bush inició su presidencia anunciando solemnemente que EE UU no se sumaría a Kioto y velaría para evitar verse perjudicado y asegurar que sus socios no cometieran errores.

La UE bien hubiera podido renunciar a Kioto con el argumento de que los esfuerzos sin EE UU no tenían sentido. Pero no lo hizo. Al contrario, subrayó su intención de volcarse en luchar por un futuro bajo en carbono y convencer a los demás de que era posible hacerlo. Marc dirigió la delegación técnica de la UE durante la compleja y mítica continuación de la sexta cumbre en julio. Se esforzó por corregir el gran error cometido por Europa al abandonar al mundo en desarrollo para concentrarse en las exigencias en EE UU. Marc desempeñó un papel clave en la construcción de un acuerdo que hizo posible una nueva contabilidad global basada en el carbono, un fondo destinado a financiar la adaptación de los más vulnerables al cambio climático y un comité de vigilancia del cumplimiento de las obligaciones. Pero el desarrollo de esas premisas requería mucho trabajo, encomendado a la séptima cumbre, que debía celebrarse en Marrakech en noviembre de 2001.

El 12 y el 13 de septiembre, Marc había convocado a los europeos en Bruselas para concertar las posiciones de cara a Marrakech. No suspendió ni canceló las reuniones. Hubiera estado justificado, pero no lo hizo. Mantuvo el trabajo y la calma. Mostró su horror y solidaridad ante el espantoso atentado de Nueva York, ofreció flexibilidad y tendió la mano hacia la delegación de EE UU pero, desde el cariño y el respeto, mantuvo la agenda y los principios.Nada es producto de una sola persona, pero Marc supo canalizar la voluntad y la energía de todos. Era cuando Europa quería luchar por un futuro distinto; cuando no se parapetaba detrás de otros con riesgo de caer en la irrelevancia.

Ha muerto joven y repentinamente. Sin tiempo para homenajes ni reconocimientos públicos. Confío en que los responsables de la negociación y las políticas de clima le rindan tributo estando a la altura de los tiempos, logrando un exitoso acuerdo en París 2015; un resultado construido sobre su experiencia y su legado, y la de tantos otros, en La Haya, en Bonn, en Marrakech… Gracias por todo, Marc.

Teresa Ribera es consejera de Clima y Energía en el Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) y fue secretaria de Estado de Cambio Climático entre 2008 y 2011.

Fuente: El País