Los vehículos eléctricos prometen grandes beneficios

movilidad: coche eléctrico

Las políticas para estimular la adopción de vehículos eléctricos en los países en desarrollo contribuirán a prevenir la desigualdad en el sector de la movilidad sostenible.

La revolución que se desarrolla en la industria del transporte promete reducciones significativas en la contaminación acústica y del aire –una de las más mortíferas-, y en las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático.

En el mercado bursátil, el fabricante de automóviles eléctricos Tesla vale más que Ford. A partir de 2019, todos los nuevos modelos Volvo funcionarán con electricidad. Francia e India se encuentran entre un número creciente de países que están dejando poco espacio en el futuro para el motor de combustión interna.

Se trata de medidas innovadores, pero esta transformación también podría profundizar la desigualdad global y dejar al mundo en desarrollo sumido en una nube de gases contaminantes. Esto a menos que los gobiernos y los consumidores de esos países puedan aprovechar los beneficios de las tecnologías nuevas y más limpias.

“Los políticos deben acelerar el paso para ver las oportunidades y los desafíos”, dice Rob de Jong, jefe de la unidad de transporte de ONU Medio Ambiente y una de las pocas personas en Nairobi que ya conduce un automóvil eléctrico. “Los países en desarrollo que abracen el cambio primero pueden esperar los mayores beneficios”, añade.

El número de vehículos en todo el mundo podría triplicarse para el año 2050 y este crecimiento masivo se concentrará en las regiones en desarrollo, donde el aumento de la población y la mejora en los niveles de vida implican que muchas más personas podrán adquirir sus propios automóviles. Esto plantea grandes problemas en torno a la movilidad, la planificación urbana y de infraestructura, y la salud pública.

ONU Medio Ambiente y sus socios ayudan a los gobiernos a desarrollar políticas para repensar sus ciudades, ampliar el transporte público e integrarlo con el ciclismo y las rutas peatonales. Estas medidas podrían aliviar la necesidad de autos privados, sin embargo, la velocidad de la urbanización, el aumento en la propiedad de automóviles y la urgencia que suponen los problemas de contaminación han convertido la adopción de vehículos eléctricos en una aspiración apremiante.

En Europa y América del Norte, la algarabía que rodea a los vehículos eléctricos está por todos lados. Los anuncios de la marca automotriz sueca Volvo y del gobierno francés han alimentado las ya crecientes expectativas de que los vehículos eléctricos se volverán dominantes mucho antes de lo esperado.

Los analistas del banco suizo UBS estimaron recientemente que el costo de poseer un vehículo eléctrico en Europa podría descender al mismo nivel de uno que use gasolina en 2018. También duplicaron su pronóstico de ventas de automóviles eléctricos y ahora estiman que estos representarán 14% del total global en 2025, en comparación con menos de 1% de la actualidad. La Agencia Internacional de Energía proyecta que habrá unos 70 millones de automóviles eléctricos en las carreteras del mundo en ese entonces.

Naciones como Noruega, los Países Bajos y Suecia lideran el camino en términos de cuota de mercado (el año pasado 29% de los automóviles nuevos registrados en Noruega eran eléctricos). EE. UU., Alemania, Francia y el Reino Unido también son mercados importantes, pero entre los países en desarrollo solo China e India han hecho de los vehículos eléctricos una prioridad clara.

Para acelerar la adopción, se podrían considerar políticas que incluyen:

  • Bajar las tasas de importación e impuestos de circulación para los vehículos eléctricos.
  • Eliminar los subsidios a la gasolina y el diesel, y reducir los impuestos a la electricidad para la carga de vehículos.
  • Ofrecer acceso preferencial y exención de tasas de cuotas de congestión en áreas urbanas.
  • Comprar vehículos eléctricos para uso estatal y para flotas de transporte público.
  • Emitir normas técnicas y subsidios para cargar equipos y baterías.
  • Lanzar campañas de información pública que expliquen los beneficios ambientales y privados de los vehículos eléctricos.

Por supuesto, hay desafíos. Los conductores de todo el mundo se preocupan por la limitada (pero creciente) variedad de vehículos eléctricos y la disponibilidad de puntos de carga en viajes más largos o en áreas remotas. En algunas áreas, la electricidad es costosa y los suministros no son confiables, y un aumento en la demanda de automóviles eléctricos podría saturar las redes eléctricas convencionales.

Pero estos problemas están siendo abordados en muchos países: el acceso universal a la energía es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y no es difícil prever que cada negocio con visión de futuro, supermercado y cafetería, así como las gasolineras de las autopistas, instalarán rápidamente equipos de carga de batería de alta velocidad. En su mayoría, las personas cargarán sus autos en casa, ahorrando tiempo en las visitas a las estaciones de servicio. El intercambio de baterías también puede convertirse en la norma.

Las baterías de los vehículos podrían servir para mantener las luces encendidas en áreas con infraestructura irregular y reemplazar los generadores de respaldo que emiten gases de efecto invernadero.

“Esta contribución es particularmente relevante para brindar electricidad limpia y oportunidades de desarrollo social y económico a entornos rurales remotos”, dice Juergen Perschon del Instituto Europeo para el Transporte Sostenible.

Otro punto de entrada son los autobuses.

“La inversión pública y las prioridades políticas deberían centrarse en los autobuses eléctricos, en la provisión de infraestructura para bicicletas eléctricas y no eléctricas, así como en la inversión en sistemas de raíles eléctricos convencionales”, indica Perschon.

En septiembre, cuatro de los fabricantes de autobuses y motores más grandes del mundo se comprometieron a facilitar que las principales ciudades compren autobuses equipados con tecnologías de bajas emisiones, incluidos los trenes de potencia eléctrica.

La capital colombiana, Bogotá, ha estado pilotando autobuses eléctricos (y taxis) construidos por BYD de China. La misma empresa pretende ingresar a los mercados de autobuses en África ofreciendo el suministro de baterías, un elemento costoso, en régimen de arrendamiento.


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