El impacto del transporte público en el medio ambiente

Transporte público

La movilidad, ya sea en transporte público o privado, dentro de los núcleos urbanos está adquiriendo un protagonismo creciente. El mundo cada vez se hace más urbano y se desplaza cada vez más, tanto interior como exteriormente. Actualmente más del 50% de la población mundial viven en ciudades. Mientras en la UE el 80% de los ciudadanos vive en zonas urbanas, en España lo hace el 70%.


Esta presión demográfica provoca una gran intensidad y frecuencia de desplazamientos en las tramas urbanas que agrava los efectos en su entorno, tanto positivos como negativos. Para darnos cuenta de la problemática en los núcleos urbanos, es que solo suponen el 1% del territorio, y consumen más del 75% de la energía y producen el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además hay que añadirle que son los grandes subsistemas económicos donde se concentra la producción y el consumo (el 85 % del PIB de la UE se genera en sus ciudades). Concretando el verdadero problema de los impactos del transporte es que se generan en un ámbito muy reducido, donde se concentra la población y la economía de la mayor parte de los países.

Ejemplo de contaminación atmosférica en una trama urbana

Las emisiones relacionadas con el transporte por carretera son el principal problema ambiental de este sector y el más perceptible. Además el uso de calefacciones que usan combustibles derivados del petróleo ayuda a incrementar la contaminación urbana.  Al transporte rodado corresponden el 75% de las emisiones del sector, siendo la causa directa de estas emisiones en las tramas urbanas. La combustión de estos motores produce fundamentalmente monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y partículas en suspensión y compuestos orgánicos volátiles. Además de dióxido de carbono (CO2), que a pesar de no ser tóxico favorece el cambio climático.

Como se ha citado anteriormente el tráfico rodado de las ciudades es el mayor causante de la contaminación atmosférica de las mismas. Esto se debe al gran incremento de vehículos que transitan por las ciudades, a pesar del uso de motores y combustibles más limpios. En los últimos años se han implantado mejoras técnicas para reducir su efecto al medio ambiente aunque no han obtenido resultados plenamente satisfactorios.

A pesar de estas mejoras casi la totalidad de los vehículos de circulan por las calles siguen presentando motores de combustión y por tanto continúan contaminando. La presencia de vehículos eléctricos todavía es muy baja en relación al número de vehículos totales (los vehículos eléctricos supusieron 0,8% de las ventas en los primeros 5 meses del 2014). Actualmente la medida más factible para reducir las emisiones es la promoción del transporte colectivo o no motorizado.

El impacto del transporte no sólo afecta al medio ambiente sino también a la salud de la ciudadanía. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente en España se producen 16.000 muertes prematuras al año relacionadas con la contaminación atmosférica. Estudios independientes afirman que dos días de alta contaminación suponen un incremento del 1,5% en la tasa de mortalidad de las grandes ciudades.


El ruido es uno de los impactos con menor aceptación social ya que repercute directamente en la calidad de vida de la ciudadanía. Aunque en las últimas décadas nos hemos habituado al ruido producido por el tráfico, este ruido puede tener efectos perniciosos en nuestra salud. Estos trastornos pueden ser tanto físicos (disminución de la audición, aumento de la presión arterial, etc.) como psicológicos (depresión, incapacidad, fatiga, etc.).

Los ruidos provocados por estos vehículos, son producto del funcionamiento del motor, de las transmisiones y de la fricción del vehículo con el suelo y el aire.  A mayor número de vehículos mayor ruido, por tanto, la mejor opción para reducir la afección acústica es desplazarse por medios no motorizados o por transporte colectivo.

España es de los más ruidosos del mundo, un 85% de la población de las ciudades está sometida a un ruido que rebasa la cifra límite de los 70 decibelios.

Las distintas administraciones (locales, nacionales, e internacionales) conscientes de esta problemática desde finales del siglo XX han incluido criterios acústicos cada vez más estrictos en la homologación de nuevos vehículos. Gracias a estas limitaciones el ruido emitido por estos modos de transporte se ha reducido considerablemente los niveles de ruido, aunque, como en el caso de la contaminación, la generalización del automóvil ha minimizado estos logros.

Transporte público

Transporte público

Menos perceptibles aunque importantes son los efectos indirectos, como los residuos generados por la construcción  o abandono de los vehículos o de sus infraestructuras.

Existe otro gran impacto derivado del tráfico, que es la siniestralidad. A pesar de ser un impacto más social que ambiental, las consecuencias son dramáticas. La accidentalidad varía en relación al medio de transporte, por ejemplo los medios con plataforma exclusiva (tren o metro) presentan una siniestralidad más baja que los medios de plataforma compartida (autobuses, coches, furgonetas, motocicletas, peatones y ciclistas). Y dentro de la plataforma compartida los medios no motorizados y colectivos constituyen los medios menos peligrosos, en contraposición a las motos y automóviles.

En relación a los vehículos motorizados es en los espacios urbanos donde es más probable tener un accidente, esto se debe a una cuestión de exposición. En las vías de estos núcleos se realizan muchos más desplazamientos que en otras carreteras. Según la UE, dos de cada tres accidentes de tráfico y una de cada tres víctimas se producen en zonas urbanas. La gravedad de los accidentes en las vías urbanas es inferior en relación al número de accidentes, esto se debe a una velocidad media inferior a la de otras carreteras.

Otro efecto es el impacto visual, especialmente en los cascos históricos y zonas monumentales. Este efecto a pesar de tener menor importancia, puede desvirtuar la percepción del paisaje urbano, reduciendo el atractivo del casco histórico o de toda la ciudad.

Autor: Víctor Bouzas

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