Nos encontramos en un periodo de crisis tanto económica  como de social, en un contexto de fuerte transformación. Mientras las políticas públicas de ordenación del territorio y planificación urbanística  siguen con las mismas metodologías  rígidas, no acordes a las dinámicas urbanas actuales.

Tradicionalmente el urbanismo ha perseguido siempre fijar usos y dar soluciones estables y con vocación de permanencia con herramientas de planificación que buscan dar seguridad. Sin embargo, en un momento de cambio como el que vivimos, esta aspiración de permanencia necesita flexibilizar su lógica para poder ser permeable a proyectos y dinámicas de expresión social mucho mejor adaptadas a la realidad social actual y a la urgencia por ofrecer valor social a tantos recursos ociosos en las ciudades.

Nuevos tiempos, nuevas soluciones

La  crisis social, económica y ambiental que se está produciendo en las ciudades, va a implicar un nuevo urbanismo, menos reactivo y jerárquico y más  ágil. Seguramente, estas propuestas no serán las más atractivas para el sector de la construcción como los grandes proyectos expansivos  llevados  a cabo en los últimos años y que han acarreado la infrautilización de muchas infraestructuras. Pero es el momento de llevar a cabo  una estrategia mucho más inteligente y no expansiva. Una estrategia adaptativa que, al menos mientras conseguimos salir de la crisis, pueda rescatar ese pasivo y convertirlo en activo público para la dinamización de la vida colectiva en las ciudades y la expansión de inteligencia de software.

El urbanismo adaptativo es una herramienta para aprovechar temporalmente los recursos que se encuentran actualmente en desuso, hasta que se le de un uso definitivo.

Uno buen ejemplo de ello es el proyecto Renew Newcastle (en la ciudad de Newcastle, Australia), que fue todo un éxito. De los 150 espacios vacíos localizados en la ciudad, más de 70 iniciativas culturales y proyectos empresariales nacieron en el interior de dichos locales, convirtiendo a la urbe en un punto de referencia cultural en Australia. Esta idea llevaba todas las de ganar ya que, con las iniciativas que emprendedores y asociaciones culturales y de vecinos pretendían desarrollar en los locales abandonados, los dueños de tales espacios se ahorraban los costes de mantenimiento y seguridad. Eran los nuevos inquilinos los que asumían las facturas del agua y la luz, además del seguro.

Pronto el proyecto se extendió a otras ciudades del país. Las ventajas del llamado ‘meanwhile urbanism’ (el urbanismo del mientras tanto, en español) traspasaron incluso fronteras, llegando a otras ciudades del norte de Europa, Holanda y Reino Unido.

En España existen varias iniciativas de urbanismo adaptativo como en  Barcelona o en Madrid 

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