El incomparable festival de Slow Food, también conocido como el Salón Internacional del Gusto, nació en Turín en el 2004 y desde entonces se ha convertido en algo así como las Naciones Unidas por el placer de la gastronomía y la celebración de la biodiversidad.

«Si queremos cambiar el sistema alimentario, la biodiversidad es la receta», sostiene Carlo Petrini, el fundador de Slow Food, artífice de este movimiento que en menos de 30 años llega ya prácticamente hasta el último rincón del mundo. «El dilema es éste: o seguimos alimetando a un puñado de corporaciones que aspiran a tener el monopolio del planeta, o apoyamos a esas 500 millones de familias que viven de la agricultura a pequeña escala en todo el mundo y que no sólo nos dan de comer, sino que son los auténticos guardianes de la diversidad».

La íntima relación entre el plato y el planeta, la agricultura industrial y el cambio climático, el «acaparamiento de tierras», la producción sostenible de carne o el despilfarro alimenticio han sido algunos de los temas estrella en la palpitante edición del último Terra Madre, con mensaje incluido del Papa Francisco («Todos deberían tener derecho a comida suficiente y sana») y de Michelle Obama, que rompió una lanza por el proyecto de 10.000 huertos en África y por la importancia de «producir comida sana en las ciudades».

Leer noticia completa

Fuente: www.elmundo.es