Parece que ha aumentado la preocupación del sector empresarial por los residuos plásticos, no obstante, numerosos informes de asociaciones ecologistas afirman que esta consideración no es real.

Es cierto que se han dado pasos hacia delante en la reducción de residuos, especialmente a nivel comercial. Desde el año 2018 es obligatorio en Europa comprar las bolsas de plástico por exigencia normativa (Directiva (UE) 2015/720) lo que ha supuesto una mejora en la reducción de residuos plásticos. En 2020 estarán prohibidas todas aquellas que no sean compostables. 

 


A pesar de estos pasos y de una mayor concienciación ambiental por parte de la sociedad, siguen sin apreciarse estrategias sostenibles claras en la mayor parte de las empresas o por lo menos en las de mayor impacto ambiental. Por suerte no son todas, ya que algunas empresas están haciendo grandes esfuerzos para reducir su impacto ambiental.

Las empresas siguen generando una gran cantidad de residuos

Si vamos realizar la compra a una tienda o un supermercado, observamos que la bolsa de la compra es una aportación anecdótica para la reducción de residuos plásticos. La mayor parte de los productos que encontramos presentan excesivos envoltorios, en muchos casos innecesarios y de difícil reciclaje.

Por ejemplo, si compramos un producto estético, presenta multitud de embalajes de diversa composición, como pueden ser distintos tipos de plástico, cartón y papel, etc. Si analizamos el volumen de residuo generado en relación al producto consumido observamos que existe una gran desproporción. Pero la moda del excesivo embalaje también ha llegado a otros productos como las frutas y verduras, donde observamos que el plástico se ha apropiado de este sector, cuando muchos productos ya tienen su propio embalaje (cáscaras, mondas, etc.)

Los productos “sostenibles”

Los productos sostenibles, ecológicos o verdes están de moda, podemos ver campañas de estos productos por todos lados. Si analizamos los medios de comunicación parece que desde el sector empresarial se han tomado muy en serio las problemáticas ambientales. Muchas empresas presumen de sus grandes estrategias de sostenibilidad, presentando envases realizados con plásticos reciclados o con plásticos biodegradables o compostables, otros cambian productos de plástico a papel. Pero realmente muchas de estas estrategias son de blancamiento o lavado verde. El porcentaje del producto reciclado es mínimo, su compostaje solo se puede realizar en condiciones muy concretas, o sólo afecta a parte del envase.

En la actualidad existen multitud de productos con el término “eco”, “bio” o “verde”, pero que difícilmente se pueden definir así. Estas marcas emplean estos términos como el color verde como una estrategia de marketing para captar clientes con mayor sensibilidad ambiental. Por tanto, siempre que veamos un producto “sostenible” debemos leer la letra pequeña y analizar si presentan una ecoetiqueta y a que se refiere el contenido de la misma.

Después existen otras marcas que llevan a cabo responsabilidad social corporativa (RSC) o empresarial (RSE). La RSE puede ser una excelente herramienta para mejorar la sostenibilidad, pero en muchos casos se reduce a meras iniciativas publicitarias. Por ejemplo, una empresa se gasta un millón de euros o dólares en una reforestación de una zona degradada, pero la producción de su producto deforesta y degrada diez veces más que la zona recuperada.

Por tanto, las marcas tienen que estudiar el ciclo de vida de sus servicios y productos, y establecer estrategias en sus puntos más críticos. Pero si no puede o no quieren hacerlo deberían empezar por reducir y simplificar de manera significativa sus embalajes y emplear materiales reciclables o ecológicos siempre que sea necesario. El reciclaje, aunque positivo no es una panacea, ya que el volumen de envases generado hace muy difícil su gestión. Si a esto le añadimos que muchos envases y productos son difícilmente reciclables (bricks), tenemos como resultado una tasa muy reducida de reciclaje. Por ejemplo, en España sólo se recicla o composta el 34% del residuo generado, según OCDE.

La administración debe fomentar la reducción de residuos y aumentar la carga impositiva los costes ambientales de los productos, para que todas las empresas reduzcan su impacto ambiental.

Y nosotros como consumidores, podemos elegir productos que presenten menos envases desechables, no emplear plásticos de un solo uso, y sobre todo fomentar la reutilización de los productos. Si queremos tener un futuro debemos reducir drásticamente nuestros residuos.