El Land Art es una corriente del arte contemporáneo que usa los paisajes y los elementos de la naturaleza como escenario y medio para realizar obras de arte. Las actuaciones de esta tendencia son  una herramienta  muy útil para poner en valor el paisaje de una zona, siendo un buen ejemplo el Peine del Viento, en San Sebastián-Donostia, obra de Eduardo Chillida, Luis Peña Ganchegui y José María Elósegui.

Este movimiento surge en Estados Unidos en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, mediante el uso de la naturaleza como soporte para sus obras. Los artistas salían al campo, escogían un lugar estratégico y empleaban tierra, piedras, viento, agua o distintos elementos que se integraban o complementaban entornos naturales.

La finalidad de esta tendencia es producir emociones plásticas en el observador que se enfrenta a un determinado paisaje.  El espectador advierte de manera distinta o cambiada por intervención del artista.  Para el artista el paisaje es parte fundamental de la obra, y la acción o intervención tiene que dialogar directamente con su entorno y lograr una correcta interrelación.

Las obras  Land Art favorecen el acercamiento del paisaje al espectador, concienciando e implicando a la sociedad con el paisaje, pero  no siempre es así, algunas veces la intervención es tan desmesurada o impactante que daña o desvirtúa el mismo. Normalmente esta corriente sigue el principio de intervenir en el entorno, pero sin maltratar o dañar el medio, con un claro  sentido artístico.

A pesar de que algunas intervenciones provocan un gran impacto en el paisaje, existen otras diseñadas para la regeneración ambiental o paisajística de un entorno degradado. La restauración del paisaje por medio de esta corriente conlleva  grandes ventajas ecológicas, sociales y económicas. Uno buen ejemplo de regeneración paisajística es la restauración de una antigua gravera en la ciudad de Kent por Robert  Morris.

Una de las lecciones más importantes que nos ha dado el Land Art respecto al paisaje, es la importancia de comprender y dialogar con el medio y su paisaje. Esta postura nos alejaría de la imposición humana basada en el dominio absoluto de la Naturaleza, que despreciamos continuamente mediante actuaciones poco respetuosas.

 

Autor: Jose M. Taboada