Atrás quedó la crisis, aquí están los auténticos brotes verdes. De la huerta valenciana la la ‘huertina’ asturiana, del huerto familiar ecológico a los huertos compartidos, de la huerta solidaria de Juan Tomate en Madrid al tejado verde de Joan Carulla en Barcelona, de Mi Cosecha en el Guadalquivir al Tresbolillo en el Jarama. A golpe de azada, la revolución de la lechuga se ha propagado hasta el último rincón de nuestra geografía.

En el año 2000 había en España apenas mil parcelas y 75.000 metros cuadrados dedicados a huertos urbanos. Hoy, son ya más de 15.000 las parcelas y en una superficie de 1,6 millones de metros cuadrados. “La agricultura urbana ha dejado de ser algo testimonial para convertirse en un movimiento dinámico y con entidad propia”, certifica Gregorio Ballesteros, del Grupo de Estudios y Alternativas GEA21, que ha puesto números a este fenómeno imparable al que llegamos con ímpetu, aunque con retraso.

“Aún estamos lejos de países como Inglaterra, Alemania o Francia, pero nos vamos acercando”, reconoce Ballesteros. “La crisis ha servido sin duda de acicate, como lo ha sido a lo largo de la historia. Los huertos son una manera de reducir los gastos en alimentos y de aliviar las penurias económicas. Pero también se ha producido una toma de conciencia en la población, impulsada por los movimientos sociales. La gente se preocupa cada vez más por comer y vivir de una forma saludable y sana”.

La explosión de la burbuja inmobiliaria ha dejado por último una sangrante cicatriz en los confines de nuestras ciudades. “Y esas parcelas urbanizadas que, hasta hace poco, habían sido suelo agrícola, pueden ahora fácilmente reconvertirse en huertos urbanos”.

Algo se mueve en la huerta valenciana. Algo se está cociendo en esa fértil confluencia entre lo agrícola y lo urbano, estrangulada en la última década por las garras de la especulación. Y el mayor agitador es tal vez Josep Tamarit, arquitecto del paisaje y autor del blog La revolución de la lechuga, promoviendo esa visión del “nuevo verde urbano” a través de 2T-Huerting.

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Fuente: www.elmundo.es