Las ciudades son uno de las mejores representaciones de la sociedad tanto actual como pasada. Si analizamos el desarrollo urbano reciente de España observamos épocas muy dinámicas, destacando especialmente el periodo 1997-2006. En estos años el país sufrió los efectos de la famosa burbuja inmobiliaria con un crecimiento exponencial del valor y del número de viviendas. Este proceso fue tan intenso que produjo la construcción y tramitación de más viviendas en España que en Francia, Reino Unido y Alemania conjuntamente.

La “burbuja inmobiliaria” fue un proceso claramente especulativo enmarcado en un período de expansión económica, y favorecido por la acción de las entidades financieras y por la permisividad de la administración local. Además una gran parte de la sociedad entendió el urbanismo desde una perspectiva meramente mercantilista, como una herramienta de crecimiento económico. En contraposición a este proceso constructivo las distintas administraciones fueron estableciendo normativas para integrar estos desarrollos urbanos de manera sostenible con su entorno. Estas normativas aunque favorecieron una mejora notable en los proyectos de urbanización en muchos casos no lograron su objetivo final.

En estos años también se diseñaron planes de ordenación y gestión que fomentaran un desarrollo urbano coherente y responsable, el efecto real a corto plazo fue reducido ya que en muchos casos son posteriores a los grandes desmanes del boom inmobiliario.
Como resultado de estos procesos se han creado realidades urbanas ostentosas desconectadas de la sociedad y sin ninguna relación con su entorno.

La explosión de la burbuja inmobiliaria provocó el desplome de la venta de viviendas, dejando en el 2008 entre 650.000 y 1,3 millones de viviendas nuevas sin vender. La crisis financiera mundial agravó sus consecuencias en las tramas urbanas provocando un incremento de desempleo, cierre de empresas y reducción de inversión tanto pública como privada. La explosión de la burbuja no sólo afecto al sector privado sino que también afectó a los grandes proyectos públicos, especialmente a aquellas obras faraónicas desvinculadas con la sociedad.

La caída del mercado inmobiliario transformó “urbanizaciones estratégicas” en espacios yermos convirtiendo ostentosos edificios, destinados a convertirse en epicentros de la malla urbana, en símbolos inacabados de una época.

Ejemplos de mala praxis existen muchos, unos de los casos más claros es la urbanización de Seseña, en la provincia de Toledo, con más de 13.000 pisos construidos y menos de 3.000 vendidos. En el caso de proyectos públicos destacan la Ciudad de la Cultura de Galicia, en Santiago de Compostela o la Ciudad del Circo de Alcorcón.

Autor: Jose M. Taboada