En las grandes ciudades de los países en desarrollo existe una gran desigualdad social, económica y cultural que dificulta las acciones para combatir la pandemia del coronavirus. La pobreza y el déficit de infraestructuras de muchos barrios de estas megaciudades, hace que los estratos más bajos de la sociedad tengan una mayor fragilidad a epidemias como el Covid-19.

 


Esta fragilidad es mucho más evidente en urbanizaciones informales (favelas, ranchitos o chabolas), donde la pobreza, la infravivienda y el déficit de infraestructuras y servicios hace muy difícil el control de enfermedades.

La heterogeneidad de estas urbes hace más compleja las estrategias frente estas crisis, ya que no se pueden homogenizar las actuaciones y se deben establecer distintos criterios dependiendo de la zona de la ciudad.  

La desigualdad económica

El confinamiento es mucho más difícil en los grupos de población con bajos ingresos, ya que muchos trabajadores deben salir diariamente para mantenerse, como afirma el investigador Sérgio Adorno de la Universidad de San Paulo (entrevista a la agencia FADESP).

La población con menos recursos se le presenta la dicotomía del riesgo de morir de hambre o por la enfermedad, en este caso por coronavirus.

Los estados y administraciones que quieran que la población realice el distanciamiento social debe garantizar que la población tiene garantizada su mantenimiento.

Infravivienda

Las condiciones habitacionales que presentan los barrios pobres son precarias. El déficit habitacional constituye un obstáculo para el aislamiento social, especialmente en lo que refiere al aislamiento de los grupos de riesgo. El número de personas por hogar suele ser grande en los barrios más pobres, donde es habitual que tres o más miembros compartan dormitorio. Esto implica que la población de riesgo como ancianos, personas con enfermedades crónicas o embarazadas convivan con otras personas en hogares de reducidas dimensiones. Por tanto, el confinamiento de la población de riesgo es casi imposible, lo que puede repercutir en un agravamiento de la pandemia.

Infraestructuras y servicios sanitarios

La mayoría de los barrios pobres presentan un claro déficit de infraestructuras básicas como abastecimiento y saneamiento, dificultando las condiciones higiénicas. Unas correctas condiciones higiénicas son la primera barrera para limitar el contagio de una enfermedad.

Unos servicios sanitarios de calidad y públicos o al alcance de toda la población puede permitir mitigar en gran medida la repercusión de una epidemia. En la pandemia del coronavirus la mayor parte de los países con sanidad pública de calidad, el número de recuperados ha sido muchísimo mayor, siendo el mejor ejemplo Alemania con una mortalidad muy reducida.

Muchas administraciones están llevando actuaciones homogéneas que beneficia a unos pocos (normalmente las clases altas) en detrimento de otros, lo que puede ser un error.

 


Las crisis como las epidemias ponen en relevancia todas las debilidades de la sociedad, entre ellas la desigualdad social. Aunque multitud de estudios evidencian la mayor vulnerabilidad de la población con menos recursos, estas enfermedades no conocen de límites geográficos y afectan a largo plazo a toda la sociedad sin distinción de clases.

La creación de infraestructuras y servicios básicos en los barrios más pobres, no sólo es una cuestión de justicia social, sino que es una inversión para toda la sociedad. Una sociedad más igualitaria y responsable será mucho más resiliente a una crisis de este tipo.