Las recurrentes crisis han demostrado que las nuestras ciudades son contextos muy frágiles a los riesgos externos, mostrando una gran vulnerabilidad. Las crisis bancarias, inmobiliarias o por pandemias  (coronavirus) presentan efectos económicos, pero también sociales, culturales, ambientales, hasta afectar a las dinámicas y estructuras del territorio.

Numerosos estudios están constatando que la ciudades son más vulnerables (más desigualdad, mayor exposición a los riesgos naturales, más contaminación, etc.). Algo está fallando en el diseño y gestión de nuestras ciudades.

 


Análisis de la vulnerabilidad urbana

El cambio de paradigma (económico, social o ambiental) expone con una enorme claridad los desequilibrios que existen en nuestras ciudades. Actualmente tenemos a nuestra disposición un amplio abanico de datos, que se pueden estructurar para indicar lo vulnerables que son nuestros territorios.

La mayor parte de los estudios analizan la vulnerabilidad de las urbes por medio de criterios económicos y en menor medida según criterios sociales y ambientales. El análisis de vulnerabilidad debe analizarse de manera integral, debido a la interconexión de los mismos.  A continuación, os presentamos algunos indicadores que se deben analizar:

  • Económicos: Renta per cápita, nº de empresas, diversificación económica, innovación, suelo empresarial,
  • Demográficos: Saldo vegetativo, tasa de envejecimiento, saldo migratorio,
  • Sociales: Dotaciones (sociales sanitarias, deportivas, etc), nº de desempleados, nº de perceptores de ayudas sociales, nº de desahucios, participación ciudadana, nº de asociaciones
  • Ambientales: Superficie de zonas verdes, Superficie de Espacios naturales, calidad del aire, km de carril-bici, transporte público, superficie de aceras en relación a las calzadas, población con aguas residuales depuradas, % de residuos reciclados, etc.

Un factor determinante y que rara vez se menciona, es determinar los umbrales y valores críticos de cada indicador, según las características de cada urbe.

Entender la estructura y dinámicas de nuestras ciudades y villas es fundamental para evitar futuros riesgos. La realización de estos análisis y su comprensión debería ser obligatorio. Es curioso que en la época con más información la respuesta institucional sigue proponiendo acciones que perpetúan o agravan la vulnerabilidad de nuestras ciudades. La capacidad de adaptación es fundamental para revertir la vulnerabilidad, pero las respuestas de las instituciones no siempre fueron adecuadas. En muchos casos esas ciudades tienen análisis exhaustivos, pero quedan en papel mojado. Muestra de ello, es que un gran número de actuaciones de nuestras ciudades no responden a ningún tipo de estrategia, salvo al buen entender del dirigente de turno.

Dificultad para alcanzar la resiliencia urbana

La mayor parte de los autores abogan por aumentar la resiliencia de las ciudades (aunque hay autores que defienden la resistencia frente la resiliencia), un concepto relativamente nuevo en la ordenación y gestión urbana. La resiliencia de las ciudades se podría definir como la capacidad de adaptación de un sistema urbano a adaptarse a los cambios (económicos, sociales, ambientales), manteniendo sus funciones principales. Aunque este concepto es bastante novedoso en las políticas y actuaciones urbanas, existe el concepto de sostenibilidad que está muy vinculado a la resiliencia y se ampliamente empleado en las políticas y actuaciones urbanas.

¿Por qué seguimos entonces las ciudades en una situación tan vulnerable? Porque muchas de las actuaciones denominadas sostenibles poco o nada tienen de sostenibles. El concepto de sostenibilidad ha sido tergiversado hasta límites insospechados, acuñando actuaciones claramente insostenibles como sostenibles. El resultado es que llevamos años con estas actuaciones y la situación ambiental y social se encuentra mucho peor, haciendo nuestras ciudades más vulnerables.

Otro factor es que para mejorar la resiliencia de nuestras ciudades se tienen que llevar a cabo políticas a distintas escalas e intersectoriales, con la implicación de todos los colectivos. Algo que rara vez sucede, cada administración tiene su estrategia que normalmente está poco consensuada con otras administraciones. Además la sociedad en general tenemos un papel de mero observador en la mayor parte de las decisiones de nuestro territorios.

 


Los territorios no pasan del día a la mañana a ser vulnerables o resilientes, sino que presentan una evolución que va generando unas condiciones que fortalecen o debilitan la capacidad de adaptación de la ciudad. Un ejemplo de modificar a lo largo del tiempo la resiliencia de una ciudad es la gestión urbanística. Una correcta gestión urbanística limitando crecimientos irregulares, solo favoreciendo desarrollos con todos los servicios y dotaciones fortalece el sistema urbano, frente una gestión urbanística que permite cualquier crecimiento espontaneo, lo que acarrea problemas de servicios, comunicaciones, etc.