Hoy en TYS Magazine vamos a entrevistar a la prestigiosa arquitecta Miriam García García. Para los que aún no la conozcan baste con dar algunos datos; ella es Doctora arquitecta, paisajista, técnico urbanista y directora de LAND LAB, laboratorio de paisajes S.L. además de profesora en varios centros y universidades como el Politécnico de Milano o la Universidad Politécnica de Barcelona.

Queremos hablar con ella acerca de su tesis doctoral, un trabajo que lleva por título “Hacia la metamorfosis sintética de la costa diseñando paisajes resilientes” y que fue dirigido por los profesores José María Ezquiaga Domínguez y David Gerard Gouverneur Malakoff. En esta tesis se cuestiona el tratamiento de las costas, su planificación, gestión y diseño en relación al contexto de crisis ambiental, fruto del cambio climático.

 


Pregunta (P)- En su tesis aborda inicialmente la situación y los procesos de los sistemas costeros. Desde su punto de vista, ¿Cree que se están teniendo en cuenta de la manera correcta los sistemas y procesos naturales en los planes y proyectos costeros?

Creo que asistimos a una sensibilidad creciente en el reconocimiento de las dinámicas litorales ante los efectos del cambio climático. No obstante, es también cierto que este interés convive todavía con una reticencia a utilizar medidas y estructuras basadas en la naturaleza (o en los ecosistemas) en los planes y proyectos costeros. Por otra parte, esta dualidad es propia en los momentos de cambio.

Sin embargo, si reconocemos que estamos inmersos en un calentamiento global continuado será fácil reconocer también la urgencia y la necesidad de transformación de los paisajes costeros con el objeto de favorecer su capacidad de adaptación. Y esto solo será posible mediante el uso de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos como parte de una estrategia general de adaptación.

P- El cambio climático es un riesgo para todos, pero no afecta de igual modo a toda la población ni a todos los territorios. ¿Qué ámbitos considera que están en un mayor riesgo?

En el Quinto Informe de Evaluación y gestión de los riesgos del cambio climático elaborado por el IPCC en el  2015 ya se relacionaba el riesgo de los impactos conexos al clima con la interacción de los peligros conexos al clima (incluidos episodios y tendencias peligrosos) con la vulnerabilidad y la exposición de los sistemas humanos y naturales. Si hablamos por ejemplo de las costas, los arrecifes de coral, los deltas y las planicies sedimentarias son más vulnerables ante los efectos del cambio climático que las costas acantiladas. No obstante, para evaluar el riesgo es necesario también incluir la exposición. Es decir, la presencia de personas, medios de subsistencia, especies o ecosistemas, servicios y recursos ambientales, infraestructuras, o activos económicos, sociales o culturales en lugares que podrían verse afectados negativamente. En este contexto, como apunta la investigadora del Banco Mundial Stephane Hallegatte, las pérdidas mundiales por inundaciones costeras se multiplicarán de 6 billones de dólares al año en el 2005 a 52 billones al año para el 2050, incluyendo el aumento creciente de la población y del valor de la propiedad. Sin duda alguna, los paisajes costeros, aunque no son los únicos si que se encuentran entre los que presentan un riesgo más elevado ante los efectos del cambio climático.

P- La costa es uno de los dominios más dinámicos tanto desde el punto de vista natural como socioeconómico. Muchos autores, como el profesor Jorge Olcina afirman que el cambio climático puede ser una oportunidad para mejorar la planificación y hacer una gestión territorial más sostenible (teniendo en cuenta los procesos y sistemas naturales como los socioeconómicos).  ¿Cree que estamos aprovechando esta oportunidad o por el contrario seguimos empleando malas prácticas?

En buena medida, ha sido el calentamiento global, o si se prefiere, sus efectos, lo que nos ha obligado a darnos cuenta de que la escala de la sostenibilidad es global y que para valorarla y responder en consecuencia es necesario, por una parte, una cierta perspectiva en el tiempo y en el espacio y por otra, dotarnos de nuevas dialécticas, herramientas y procesos capaces de articular los cambios inherentes de los sistemas y acompasarlos con la actividad humana. Este nuevo contexto nos obliga a redefinir los marcos de la planificación y gestión “sostenibles”. Y es que la evaluación de la sostenibilidad se ha realizado en términos de los límites posibles de la actuación concreta, considerando por lo tanto los sistemas como cerrados y en equilibrio. Pero no se trata de si una actuación puede afectar más o menos al funcionamiento de los sistemas. Por ejemplo, de si un desarrollo urbanístico, o la construcción de una carretera pueden ser compatibles con un determinado ámbito. Se trata, más allá de los modelos de organización del territorio adaptados, de que cualquier acción sobre el territorio, valore las transformaciones posibles (incluso las desconocidas) que pueda provocar en la totalidad del sistema y por lo tanto se diseñe en coherencia con su capacidad de auto-regulación en términos de adaptación y evolución. Es por eso que prefiero hablar del diseño de paisajes resilientes y no tanto de desarrollo sostenible.

“Creo que estamos en el camino del diseño de paisajes resilientes ante los efectos del cambio climático. ·

Miriam García García

P- Usted aboga por crear paisajes resilientes para la minimización y prevención de riesgos, entendiendo estos paisajes resilientes como territorios que se transforman y evolucionan para minimizar y prevenir estos riesgos. No obstante, las medidas que se están llevando a cabo se limitan a la creación de infraestructuras duras, que resistan las perturbaciones sin modificarse, a cambio de fosilizar el borde costero. ¿Por qué cree no se apuesta por una propuesta más amplia que tenga en cuenta todos los agentes (naturales y antrópicos) y sus relaciones?

Creo que estamos en el camino del diseño de paisajes resilientes ante los efectos del cambio climático. Es verdad que otros países como Holanda cuentan con más experiencia, pero empiezo a percibir una predisposición de los distintos agentes a trabajar con las medidas basadas en la naturaleza. No obstante, y contestando a tu pregunta, es necesario reconocer que el diseño de paisajes resilientes está a su vez enmarcado dentro de una imprescindible fluidez disciplinar que hibridiza y conecta investigaciones, prácticas y tecnologías provenientes de campos distintos que van desde la ingeniería hidráulica a la botánica. En este sentido, la gestión y protección del litoral en nuestro país se siguen identificando con la construcción de infraestructuras y no con el diseño de paisajes y este es un contexto que es urgente cambiar.

P- Usted, como otros urbanistas, habla sobre la necesidad de un cambio político, de herramientas, marco legislativo y programático, pero en muchos casos la administración parece seguir otra línea, proponiendo cada vez un planeamiento más encorsetado. ¿Por qué cree que existe esta separación tan grande entre estas dos visiones? ¿O realmente no existen estas diferencias?

Pienso que estamos ante un cambio de modelo que conlleva transformaciones en todos los campos, desde la planificación a la política. En la medida en que el conjunto de la sociedad los reclame estos cambios llegarán. Por lo tanto, la responsabilidad es compartida entre todos los agentes que trabajamos en el territorio. No siento que la administración vaya más lenta que otros colectivos. 

P- En su tesis, me ha llamado la atención el abordaje del diseño incompleto o diseñar para lo inacabado. Vivimos en una época de profundos cambios y la planificación del territorio tiene unos plazos que muchas veces no se ajusta a las dinámicas y procesos que se producen en la costa. Considera que la planificación debería ser más flexible y modulable, para los posibles escenarios futuros.  ¿Cómo debería abordar estas intervenciones modulables?

La modularidad es un principio de resiliencia: ante una perturbación o un fallo del sistema, es más fácil acometer transformaciones parciales que integrales. No tiene que ver con la flexibilidad o con la indefinición, sino con la capacidad de cambio, en el sentido de adaptación y/o evolución. La modularidad es por lo tanto una herramienta del diseño desde la resilencia, pero no es el único. Los principios generales de la resiliencia (diversidad, redundancia, conectividad en red, modularidad, adaptabilidad) debían de servir de base para la (re)construcción de una nueva infraestructura (de paisaje) que proporcionase protección ante los riesgos inherentes del cambio climático, redujera los impactos en caso de desastres y proporcionara beneficios ecosistémicos (desde la mejora de la biodiversidad a la salud de las comunidades). Todo ello desde la escala de la región a la de ciudad, incluso a la de distrito o barrio en su caso.

P- Por último, dentro de las estrategias de resiliencia costera, habla usted de la retirada (reubicación de edificaciones e infraestructuras), adaptación y protección. Actualmente la mayor parte de las medidas adoptadas en el borde costero son de protección y aun así siguen inundándose infraestructuras y viviendas.  ¿Cree que llegarán a implantarse en nuestras ciudades costeras estrategias de retirada o, por el contrario, bastará con las medidas de adaptación?

Pienso que en ocasiones va a ser necesaria la “reinvención” de la costa y la sustitución de espacios y construcciones por paisajes con más capacidad de adaptación a los efectos del cambio climático (recuperación de sistemas dunares, reconstrucción de humedales, parques litorales, bermas ajardinadas, entre otros).