La gran mayoría de la gente ama viajar, y algunos de estos viajeros son capaces de dar la vuelta al mundo, pero cada uno de ellos tiene diferentes motivaciones para hacerlo. En este artículo examinaremos cuáles son los motivos más comunes por los que la gente decide dejar su zona de confort para subirse a un avión y conocer nuevos destinos.

Para salir de la rutina

En determinado momento, la rutina de la vida diaria puede hacernos sentir asfixiados y cansados de vivir cada día lo mismo. Esto hace que despierte en nosotros un deseo ardiente por vivir nuevas experiencias y enfrentarnos a nuevos retos. Viajar es una manera ideal para salir de la comodidad de la rutina, además de que permite llevarnos al límite.

El estar en nuevos lugares, conocer a otras personas y vivir diferentes experiencias pueden revelar cosas acerca de nosotros mismos que no sabíamos. Tal vez sea el saberse mover en una ciudad caótica como Nueva York en la que siempre está sucediendo algo, fue uno de los destinos más visitados del mundo en 2016; o bien pedir una comida en un idioma que no se domina, en japonés tal vez, todas estas son vivencias que dejan marca y nos preparan para otros retos por venir.

Para aprender algo nuevo

Aprender es otra de las razones por las cuales mucha gente decide emprender un nuevo viaje. El hecho de tener que enfrentarse a la adversidad en territorio desconocido ya es una experiencia maestra, como puede ser dormir entre árboles en plena selva en un exótico destino; pero esto se puede complementar con alguna clase de historia, sociología, o geografía del lugar que se está visitando, o también pueden ser unas clases del idioma nativo, tal como sucede con mucha gente que visita Canadá e Irlanda.

Lo cierto es que cada destino tiene algo especial de lo que se puede aprender y siempre hay alguien dispuesto a sacarle provecho a esa situación. Además de que aprender algo, es toda una experiencia inmersiva que la hace completamente diferente a todo lo demás.

Cumplir con un sueño

El viajar nos permite cumplir con sueños que se han tenido desde siempre, los cuales pueden ser muy variados. Ejemplos sobran: darse la mojada de la vida en las cataratas de Niagara, recorrer caminado el sendero de Santiago en España, ir a ver a LeBron James a Los Ángeles en el Staples Center, o tal vez experimentar la adrenalina de los casinos y apuestas en la mítica ciudad del pecado, Las Vegas.

La experiencia de estar en la ciudad más famosa de Nevada no tiene igual, pero lo bueno es que para vivir la adrenalina de las apuestas ya no se tiene que salir de casa; por ejemplo, los Lakers de LeBron son favoritos para ganar el título de la NBA con un momio de 4.25 en las apuestas de Betway, cifra seleccionada a 5 de diciembre. Esto no le quita interés a visitar Las Vegas Strip, la cual ha sido el refugio de las celebridades y sus shows por temporada; y tampoco le resta valor a ver un juego de la NBA en vivo con sus espectaculares jugadas.

Ampliar nuestros horizontes

El viajar abre la mente, permite darnos cuenta de que no existe una única manera de vivir la vida. El conocer gente de otros lugares enseña que nuestra manera de ver el mundo es solamente una más entre millones. No se puede saber qué tan diferente es otro lugar hasta que uno lo ve por sí mismo. Todo, desde el trabajo, sistema de creencias, intereses; se pone a prueba cuando se convive con gente de otras latitudes.

Esto lejos de ser motivo de confrontación, representa una oportunidad para descubrir nuevas maneras de ver la vida, y puede también ayudar a concebir nuevas ideas que de otra manera jamás hubieran llegado. El regreso a casa siempre estará lleno de nuevas reflexiones y enseñanzas de vida.

Reflexiones finales

Al final nos damos cuenta de que las razones por las que las que la gente viaja son muchísimas e imposibles de encapsular en un listado. Asimismo, nos vemos en la necesidad de aclarar que estas solamente son las razones personales por la que la gente viaja, no estamos contando las razones laborales, ni las académicas, ni otras que son ajenas a lo lúdico y meramente personal. Pero lo que sí podemos decir es que viajar siempre valdrá la pena y abonará a que seamos más felices, no tiene que ser un viaje transatlántico, a veces lo que buscamos está mucho más cerca de lo que imaginamos.