El boom inmobiliario, la crisis económica y la falta de recursos han provocado una reflexión sobre cómo y dónde se ha urbanizado en los últimos años. Por un lado se crítica ferozmente el modelo urbanístico desarrollista, pero por otro, aún muchas propuestas siguen con este planteamiento de crecimiento, entendiendo el urbanismo como un mero motor económico. Ahora que la presión urbanística gracias a la crisis se ha desvanecido, es un buen momento para recapacitar sobre las ciudades y pueblos que dejaremos a las futuras generaciones.

Los futuros desarrollos urbanos se enfrentarán a grandes retos a lo largo de este siglo, deberán adaptarse a las nuevas demandas de la ciudadanía y a los condicionantes que establece el medio, sabiendo integrar las potencialidades del territorio en los modos de vida actuales y futuros.

El principal desafío será dar soluciones a las futuras demandas de la sociedad y para ello es necesario conocerlas. Aunque la participación ciudadana en los procesos de planificación se reduce casi exclusivamente a los informes de alegaciones, la evolución de las Tecnologías de la información y comunicación (TIC´s) puede facilitar enormemente la interlocución entre los ciudadanos y los redactores del proyecto. Es fundamental para lograr el éxito en este tipo de proyectos ser permeables a las necesidades e intereses de la ciudadanía y no considerarla sólo como un espectador. En los últimos años se están llevando a cabo pequeñas intervenciones muy sensibles a los intereses y necesidades de la ciudadanía logrando un gran éxito social. Es el caso del proyecto zaragozano Este no es un solar.

El segundo reto es crear tramas urbanas coherentes con el territorio, para ello cualquier actuación debe conocer cómo se conforma y que relaciones existen en el mismo. En los últimos años muchos desarrollos realizados han considerado el territorio como un espacio en blanco, sin tener en cuenta la complejidad del mismo. Siguiendo este desafío el urbanismo tendrá que elaborar soluciones para integrar estos desarrollos inconexos dentro de la trama territorial, favoreciendo una transición coherente entre los espacios naturales, rurales y urbanos. Las grandes pautas vienen marcadas por las distintas directrices o planes de ordenación del Territorio de cada Comunidad Autónoma.

En línea con el apartado anterior se encuentra la integración paisajística. En muchas comunidades autónomas como Cataluña, Valencia o Galicia se han hecho grandes esfuerzos para que el paisaje sea un pilar básico en el desarrollo urbano.

Otro reto, es volver la ciudad a sus habitantes eliminando esas barreras arquitectónicas o simbólicas que excluyen a gran parte de la sociedad. Para ello es importante promover el espacio público como elemento vertebrador de la malla urbana, aumentar la conectividad de la ciudadanía e incrementar la complejidad de las tramas. La humanización o peatonalización de las calles es uno de los mejores ejemplos de este reto.

Otro desafío es el uso eficiente de recursos tanto en sus fases de construcción como de uso. La reciente normativa junto a la crisis económica han favorecido el ahorro de recursos tanto energéticos como hídricos. Las urbanizaciones sostenibles son un buen ejemplo de un uso eficiente de recursos, como es el caso de la Ecociudad Valdespartera (Zaragoza) o Rivasecopolis (Madrid).

Uno de los desafíos más olvidados en las zonas urbanas o periurbanas es poner en valor los suelos rústicos, el urbanismo ha tenido poca sensibilidad con la capacidad productiva, ecológica y cultural de estos suelos, definiéndolos como zonas residuales o futuros espacios urbanizables.

 

Autor: Jose M. Taboada