La crisis del coronavirus ha puesto patas arriba todos los sectores económicos y las consultoras no hemos sido ajenos. Esta situación puede suponer el resurgimiento o la muerte definitiva de muchas profesiones vinculadas con el medio ambiente y la sostenibilidad (social y ecológica).

La pandemia actual deja en claro que los riesgos ambientales conllevan con una enorme frecuencia efectos negativos en la sociedad y por tanto en la economía.

 


La sostenibilidad se ha puesto en el centro de la política para salir de esta crisis, por lo menos en teoría. La idea de crear un entramado empresarial 3.0, que trabaja con las ‘tres p’: planet, people y profit (planeta, personas y beneficio) que lleva años esbozándose aún está muy lejos. La mayoría de estudios, trabajos e investigaciones giran alrededor de las dos primeras pes, pero la realidad es que los beneficios económicos han condicionado las otras dos pes (planeta y personas). Llevamos años con anuncios similares y no acaban de cuajar o sólo se beneficia una parte muy pequeña del tejido empresarial y social. La crisis del coronavirus parece que va equilibrar está situación y dar mayor peso a la parte natural y social.

Si analizamos este contexto sería muy recomendable dedicarse a una profesión vinculada a la economía verde o social, pero mi experiencia me hace tener muchas dudas. En el año 2004, cuando hice mi Máster en sostenibilidad, se decía que las profesiones verdes tendrían un gran auge en los últimos años. Han pasado más de 15 años y aún se habla de profesión de futuro, no de presente.

Las empresas que se dedican de un modo u otro a la sostenibilidad se encuentran en una encrucijada. Por un lado pueden ser las empresas que mejor afronten la crisis debido a su Know-how y por el otro puede que sean las que la más sufran dependiendo de cómo salgamos de esta crisis.

Independientemente de la formación básica, creo que los profesionales que se dedican a la sostenibilidad son los que mejor se adaptarían, debido a su visión holística y a largo plazo. Aunque tengo mis dudas por lo sucedido en la anterior crisis, donde se destruyó gran parte del tejido empresarial.

La crisis financiera y del ladrillo se cebó con el sector ambiental y social, llevándose por delante muchísimas empresas. Las que han sobrevivido se están peleando de manera cainita por los contratos, haciendo bajadas increíbles para poder subsistir. Y todo ello con la complicidad de las administraciones públicas puesto que muchos contratos se están realizando por debajo de los costes. Bueno no. Lo que se hace es bajar la calidad del trabajo a costa del empresario o del trabajador que se ve obligados a hacer muchísimas más horas de las que tenían asignadas al proyecto o atrabajar por sueldos paupérrimos. Como dice el refrán “nadie da duros a cuatro pesetas”.

La anterior crisis provocó que muchos trabajadores con una alta cualificación y experiencia se tuviesen que conformar con sueldos muy bajos a pesar de conllevar una alta responsabilidad. Esto supuso, entre otras cosas, un incremento de la emigración hacia otros países donde el sueldo y el reconocimiento eran acordes con su labor profesional. Mientras, otros han dejado la profesión para dedicarse a otro oficio con mucha menos cualificación. Algo que duele escuchar es a amigos y ex compañeros subempleados que te dicen: “cobro lo mismo y tengo la cabeza más tranquila”. Mientras otros compañeros del sector te dicen que no se ven otros diez años así…

Los técnicos del sector no fueron los únicos perjudicados, sino que esta situación afecta a muchos otros trabajadores liberales. Muestra de ello, es que España es uno de los países con mayor sobrecualificación o subempleo. Estos problemas los tienen los profesionales senior, pero las nuevas generaciones lo tienen aún más difícil ya que tienen muchas menos oportunidades para llegar al mundo laboral. La ausencia de experiencia hace muy complejo integrarse en el mundo laboral.

El papel fundamental de la administración

La administración tiene un papel fundamental a la evolución de muchas profesiones. El incremento de normativa ambiental en los últimos años ha favorecido la demanda de un gran número de profesionales. Por desgracia el papel del sector ambiental ha sido y es secundario ya que la normativa indica que la mayor parte de los proyectos y estudios ambientales y sociales sean complementarios. Esto hace que los estudios y proyectos ambientales dependan de otros proyectos y actividades, suponiendo una gran fragilidad en el sector. En resumen los proyectos se supeditan al beneficio económico y no al ambiental o social.

Por otro lado, parte de las administraciones carecen de planes de sostenibilidad serios con fondos adecuados para promover las acciones de dichos planes. Un ejemplo que he vivido en mis propias carnes fueron las Agendas 21, documentos estratégicos muy interesantes que quedaron en papel mojado, debido a la ausencia de fondos para llevar a cabo las actuaciones. También hay que decir que un gran porcentaje de dirigentes ni creía, ni entendía dicha herramienta.

Las políticas actuales apenas incentivan a las empresas sostenibles y administraciones responsables ambientalmente, con pequeñas excepciones. Estas actuaciones se deben a su propio convencimiento, no por una ventaja competitiva (empresa) o para recaudar más fondos, esto supone que la mayor parte de las instituciones públicas o privadas a penas tomen medidas o sean meramente estéticas.

Por todo ello nos encontramos en una encrucijada. La duda es si desde la administración se seguirá impulsando un simple maquillaje ambiental o se tomará en serio la sostenibilidad.

Responsabilidad de las empresas

Un día me dijeron en una charla formativa que las empresas (consultoras y estudios) éramos cómplices en la mayor parte de desmanes territoriales y teníamos que decir que no a muchos proyectos.  En el momento me pareció un absurdo, achacándole que ellos (administración) son los que tienen que velar por que se cumplan las normas puesto que tanto las consultoras como los profesionales liberales hacemos lo que podemos y que en muchos desmanes había una clara ausencia de técnicos. También me excusaba que es muy fácil ser valiente cuando tienes tu sueldo asegurado todos los meses (era funcionario). Pero con el tiempo creo que tenía parte de razón.

Deberíamos decir más veces que no e incluso o dejar desiertos concursos públicos con condiciones abusivas y precios irrisorios.

La cobardía del sector se debe a la fragilidad del mismo, no sólo con los clientes sino con la propia administración. Aunque todos los profesionales que conozco alguna vez en su vida laboral se han plantado en algún proyecto, deberíamos decir más veces que no e incluso o dejar desiertos concursos públicos con condiciones abusivas y precios irrisorios.

Oportunidad

La palabra crisis en japonés (危機=kiki) está compuesta por los caracteres 危=»peligro» y 機=»oportunidad». Creo que esta crisis puede ser una gran oportunidad para el sector, a pesar de mi mala experiencia. Considero que una economía social y verde, más que una oportunidad, es la única salida. Si seguimos con este modelo tarde o temprano será inviable e importará poco a lo que nos dediquemos. La crisis conllevará un cambio de tendencias.

Sociedad segura

La seguridad en el sentido amplío se valorará mucho más. La sociedad occidental ya ha perdido esa aura bajo la cual parecía que los graves problemas ambientales, sanitarios y sociales sólo afectan a otros países. Existen muchos riesgos que se deben tener en cuenta.

Revisión de la producción y de servicios

Antes no nos fijábamos tanto cómo y dónde se hacían los productos, pero esta tendencia va cambiar. Muchos países han visto la fragilidad de deslocalizarse y del impacto del producto el medio. La sociedad se está fijando mucho más como las instituciones (público o privadas) tratan a los empleados, como producen y su impacto en su entorno.  

Nos fijaremos mucho más en las etiquetas y en las marcas. Esto hace que los productos y servicios sostenibles tendrán una mayor aceptación en el mercado.

Digital por defecto

La digitalización nos ha permitido un mayor conocimiento del medio, y de lo que sucede en el mundo, aumentando nuestra conciencia social y ambiental. Ciertos movimientos sociales y ambientales serían imposibles sin las redes sociales.

Por otro lado, la instauración del teletrabajo ha facilitado enormemente la labor de los profesionales liberales. Además, esta digitalización ha permitido una colaboración e interconexión entre profesionales de la sostenibilidad y otras disciplinas, impensable en otras épocas.

 


No sé si estáis de acuerdo conmigo, pero me gustaría saber vuestra opinión. ¿Pensáis que esta crisis va a suponer una buena oportunidad o será una amenaza para los profesionales de la sostenibilidad?