Cada vez encontramos más etiquetas con distintivos que informan al consumidor de que un producto o servicio ha sido concebido bajo una perspectiva ecológica y en qué grado afecta su elaboración al medioambiente. Aquí van algunos de los más importantes:

– El sello QSostenible, de la Agencia de Acreditación Sostenible y el Consejo Internacional de Edificación y Energía Sostenible, garantiza la sostenibilidad de un edificio. Certifica que los costes constructivos (emisiones y huella de la construcción, consumo de agua y consumo energético) han sido mínimos, repercutiendo así en la mejora medioambiental del entorno y en la salud física y mental de los moradores del inmueble.

Starlight acredita espacios que poseen una excelente calidad de cielo (baja contaminación lumínica) y que son ejemplo de protección y conservación.

– La ONG Rainforest Alliance pone su sello en fincas, explotaciones forestales y turísticas que cumplen con sus normas de protección de bosques y selvas. Agricultura y silvicultura sostenibles encuentran en Rainforest Alliance un aliado que se apoya en tres principios fundamentales: protección ambiental, equidad social y viabilidad económica.

Vegan Action etiqueta con este sello productos que no contienen materiales o ingredientes de procedencia animal, lo que incluye huevos, leche, cuero… También garantiza que no se han hecho pruebas experimentales con animales.

– La marca Cruelty Free se pone en cosméticos y artículos de tocador fabricados sin usar animales (ni en los ingredientes ni en el producto final) y que tampoco proceden de su experimentación.

– El certificado PEFC, con el que cuenta BuenaVida, garantiza que el papel tiene su origen en bosques gestionados de forma sostenible y fuentes controladas.

CosmeBio avala que al menos el 95 % de los ingredientes empleados en un producto son de origen natural, y que el 95 % de los vegetales proviene de la agricultura biológica. Es un sello propio de cosméticos orgánicos.

– Los artículos que llevan la etiqueta Fairtrade cumplen los estándares de la organización Fairtrade International para el Comercio Justo, que incluye, por ejemplo, que los beneficios se repartan de forma equitativa entre todos los productores o que cada uno de ellos tenga derecho a voto en la toma de decisiones.

Fuente: El País