Hoy entrevistamos en TYS Magazine a Ana Méndez Márquez, bióloga madrileña y consultora en Restauración Ecológica, Servicios Ecosistémicos y Capital Natural. Co-fundadora de Creando Redes S.L.

Pregunta (P)- Los desarrollos urbanísticos y la protección del medio ambiente tradicionalmente se han planteado como elementos incompatibles. ¿Cree que en los últimos años esto ha cambiado a una relación más harmoniosa o continúan siendo incompatibles?

Respuesta (R)- Lo cierto es que los Ayuntamientos y los equipos técnicos dedicados al diseño y la planificación urbana, cada vez tienen más en cuenta el papel de la naturaleza, y de los bienes y servicios que proporciona. De hecho, estamos en el florecimiento de las ciudades sostenibles. Hay algunos proyectos excelentes de naturalización de ciudades pero aún queda mucho trabajo que hacer.

Desde nuestra experiencia detectamos que aún no se ha prestado suficiente atención a la conectividad ecológica entre los entornos urbanos y los naturales. Pocas veces las acciones que se llevan a cabo para incorporar infraestructura verde en la ciudad están basados en un estudio de conectividad. Esto ayudaría a optimizar mucho los recursos, incorporando elementos naturales allí donde son verdaderamente necesarios.

El gran reto ahora no es “reverdecer la ciudad” si no que las ciudades estén ecológicamente integradas en el territorio.

Ana Méndez Márquez

P- Con su amplia experiencia en la restauración ecológica, ¿cuál cree que es la principal fuente de degradación ecológica en nuestro país o la más común?

R- Los principales motores de degradación en nuestro país tienen que ver con los cambios de uso del suelo: agricultura, urbanización, construcción de infraestructuras. Todas estas actividades están asociadas con el deterioro de los suelos, de la vegetación natural y la emisión de gases de efecto invernadero, que en último término son la base del cambio climático. Los efectos de este cambio climático amplifican esta degradación, aumentando la frecuencia y la intensidad de los eventos extremos como las tormentas y los incendios, y ocasionando la pérdida de valiosos ecosistemas.

El problema fundamental de la degradación de los ecosistemas es que genera efectos en cadena y acaba jugando en contra de nuestros esfuerzos de conservación. En España tenemos una valiosa red de Espacios Naturales Protegidos que están embebidos en matrices muy degradadas por ciudades, carreteras, cultivos, etc. Al final esa biodiversidad está acorralada y no tiene mucha capacidad de movimiento y de adaptación al cambio climático.

 


P- ¿En su opinión, ¿cuáles son los ámbitos más difíciles? ¿Por qué?

R- En realidad hay dos factores que influyen mucho a la hora de restaurar que son el grado de transformación o degradación, y el contexto social en el que se ubica el espacio. En este sentido, las ciudades son un buen ejemplo. La transformación y degradación del entorno natural suele ser profunda. La naturaleza se queda acantonada, con suerte, en algún parque periurbano o alguna isla dentro de la ciudad. Las especies autóctonas tienen que competir habitualmente con otras que son invasoras. Además, poner en marcha acciones de renaturalización es complicado, porque hay que compatibilizarla con un uso público intenso, con procesos de contaminación, etc.

La buena noticia es que con el conocimiento adecuado, fijando objetivos realistas y diseñando procesos participativos efectivos, se pueden conseguir buenos resultados en cualquier espacio en el que queramos intervenir.

P-Una de las líneas de su trabajo es la planificación de infraestructuras verdes. Poco a poco estos proyectos comienzan a ser más comunes en nuestra sociedad. Si un municipio se está planteando desarrollar una infraestructura verde, ¿qué razones le daría para que lo pusiera en práctica?

R- Efectivamente nos encontramos en un momento en el que las infraestructuras verdes están en plena ebullición. Para nosotras siempre es una buena noticia que un municipio o una región quiera trabajar en este ámbito, ya que el diseño de infraestructuras verdes proporciona beneficios ecológicos y también sociales.

Por ejemplo, sabemos que las infraestructuras verdes nos ayudan a disminuir el CO2 atmosférico y reducir el efecto isla de calor en la ciudad. También se pueden diseñar infraestructuras verdes para que nos protejan de inundaciones y tormentas. Estas soluciones también favorecen la creación de espacios de convivencia con la biodiversidad. A través de la creación y restauración de hábitats, podemos favorecer el control de plagas o la polinización. Así potenciamos la conservación de la biodiversidad y podemos generar corredores ecológicos que disminuyan la fragmentación del territorio.

En el ámbito social, las infraestructuras verdes pueden ayudarnos a generar identidad territorial y espacios de ocio y entretenimiento. Incluso pueden ser útiles para inducir conductas saludables como pasear o hacer ejercicio al aire libre.

P- Desde su punto de vista, ¿cuáles son los puntos críticos que se deben tener en cuenta la planificación de una infraestructura verde para que sea un proyecto exitoso?

R- Una infraestructura verde cumple su función en tanto en cuanto provea de múltiples bienes y servicios. Los ecosistemas naturales no solo fijan carbono o regulan el clima, sino que aportan varios beneficios a la vez. Así que el primer paso sería identificar claramente qué servicios ecosistémicos se quieren potenciar en el territorio, para después seleccionar las mejores soluciones en cada caso.

En segundo lugar, debemos pensar cómo se integra esa infraestructura verde con el resto de elementos a escala territorial, y para es necesario analizar la conectividad ecológica. Este análisis nos permite conocer cómo se mueve la biodiversidad por el territorio y, una vez conocemos esos itinerarios. De esta manera podemos detectar los elementos naturales que son clave y que debemos conservar, o en aquellos puntos donde deberíamos restaurar infraestructura verde.

Por último, definir un plan de seguimiento y gestión adaptativa, es decir ser capaces de medir si cumplimos los objetivos y de definir qué acciones vamos a llevar a cabo en caso de no haberlos conseguido.

P- Otra de sus actividades es la gestión del capital natural, concretamente en Creando Redes medís la deuda neta de capital natural y diseñáis acciones para corregirla y compensarla. El término capital natural es un término relativamente novedoso y su gestión aún más. ¿Cómo definiría capital natural?

R- El capital natural representa el stock de bienes y servicios que proporcionan los ecosistemas y que son la base de la economía y el bienestar social.

Los servicios ecosistémicos son los beneficios que la sociedad obtiene directa o indirectamente del correcto funcionamiento de los ecosistemas. Por ejemplo, la producción de materias primas para alimentación o producción de energía, o la purificación del aire y del agua.

P-¿Por qué una institución (pública o privada) debería de gestionar su capital natural?

R- Para un gestor del territorio, medir y gestionar el capital natural le permite planificar las actividades que se van a realizar a medio y largo plazo, asegurándose de que no se ve comprometido el medio ambiente ni la calidad de vida de la población. Además, le permite conocer cómo variará el capital natural bajo los efectos del cambio climático. Esto le ayuda a planificar las acciones necesarias para diseñar medidas de mitigación y adaptación, deduciendo el riesgo ambiental.

En cuanto a una organización privada, el poder medir cómo afecta su actividad al capital natural le da la posibilidad de diseñar medidas de corrección y compensación más eficientes. De esta manera la empresa puede neutralizar el impacto ambiental y planificar acciones para crear valor compartido en el entorno en el que opera. Además, puede aportar información muy valiosa para sus grupos de interés (inversores, clientes) y adquirir ventajas competitivas, anteponiéndose a cambios en el mercado, en la legislación, etc.

En Creando Redes pensamos que esta línea de trabajo tiene un futuro muy prometedor, y por eso estamos trabajamos en el diseño de herramientas y metodologías que permitan medir y gestionar el capital natural que existe en un territorio o sobre el que impacta una actividad humana.