Sequía y nuevas políticas del agua

El fin de semana pasado ardieron en Galicia 11.500 hectáreas. Si esos primeros cálculos son correctos, significa que la superficie arrasada en apenas tres días es mayor que la de los últimos tres años. La falta de lluvias es, sin duda, uno de los ingredientes que han alimentado al fuego.

Estamos viviendo uno de los años más secos desde que hay registros. ¿Qué otras consecuencias tiene la sequía? ¿Es necesario aplicar nuevas políticas de agua? Las mañanas de RNE ha abordado esta cuestión con los expertos Gonzalo de la Cámara, economista, investigador sénior, coordinador del Grupo de Economía del Agua de la Fundación IMDEA Agua y director académico del Foro de la Economía del Agua; Vicente Andreu, director del Centro de Investigaciones sobre Desertificación, y Miguel Padilla, responsable de COAG, agricultor de Lorca.

Uso de camiones cisterna en otoño

Las sequías son un fenómeno relativamente habitual en nuestro país. Según los criterios de la organización meteorológica mundial, desde el año 1981 ha habido 12 periodos que abarcarían casi la mitad de los meses. Unos 280 en total. Recurrente o no, lo cierto es que hemos vivido el septiembre más seco de este siglo, lo que ha obligado a cinco comunidades a prolongar el uso de camiones cisterna propios del verano. Lo llamativo es que a los clásicos Levante y sur de España se le han añadido Navarra y Castilla la Mancha, incluso Asturias o Cantabria. Es el caso de Valderredible, que recurre desde hace meses a los camiones cisterna para abastecer a sus vecinos.

En nuestro país, la Ley de Aguas prioriza el abastecimiento de la población frente a cualquier otro uso incluído el agrario o ganadero. Ahora mismo hay en vigor una orden ministerial del año 2007 que fija cómo gestionar el agua en situaciones de escasez. En el Segura y el Júcar llevan tres años en sequía declarada. Además, el trasvase desde el Tajo está paralizado porque el río está muy por debajo del nivel de autorización. Y es que la falta de lluvias, la sequía meteorológica, ha dado paso a la sequía hidrológica. Los pantanos están al 38% de su capacidad y hay que remontarse hasta los años 90 para encontrar niveles tan bajos. Y peor aún, la tendencia es a la baja.

La falta de lluvia aumenta la factura de la luz

Lo cierto es que esa situación tiene un coste. De entrada, que los embalses estén vacíos, o casi, significa que se produce menos energía hidráulica, una de las más baratas y nos obliga a usar otras más costosas, lo que se traduce en una factura de la luz más cara. Luego están las indemnizaciones al campo. La ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, avanzó hace unos días que la sequía costaría a las arcas del estado más de 220 millones de euros. Las ayudas pueden paliar los daños de forma puntual, pero parece evidente que nuestro país necesita una estrategia a largo plazo.

Fuente: RTVE


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