Participación ciudadana ¿Nos comportamos como borregos cuando elegimos?

participación ciudadana nos comportamos como borregos

¿Nos comportamos como borregos cuando opinamos o elegimos? Esta pregunta me surge cuando sale un resultado sorprendente o irracional, sean elecciones, procesos participativos, incluso alegaciones, aunque sigo pensando que la participación ciudadana es una herramienta fundamental para avanzar  como sociedad.

La segunda pregunta que me surge, yo también soy uno de esos borregos. Después de reflexionar un poco y aunque me duela, la respuesta es  sí, me han manipulado como un borrego. Pero es tan fácil manipularnos, con toda la información que tenemos, siendo una de las generaciones más preparadas. Como consuelo no somos ni seremos los únicos, a lo largo de la historia, las distintas sociedades han apoyado causas difícilmente justificables o totalmente detestables. ¿Pero por qué sucede esto? Muchos autores han explicado detenidamente como ciertos dirigentes establecieron  estrategias de manipulación de masas, para conseguir sus objetivos.

Podemos definir la manipulación como un intercambio interpersonal en el que una de las partes ejerce, muy sutilmente, un control coercitivo sobre la otra.

El filósofo Noam Chomsky del MIT, nos muestra 10 estrategias empleadas para manipular las masas que son altamente afectivas:

  • La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

Si se fijan en la programación a nivel nacional, existe un predominio de programas de entretenimiento y deportivos. Muchos de estos programas no abordan los grandes problemas sociales y económicos de nuestra sociedad.

A nivel más local, es habitual que cuando surge una noticia negativa se inaugure algo o se realice una celebración (deportiva, festiva, etc).

Esto ya lo conocían los romanos, Pan y Circo. El  divertimento (cuadrigas, gladiadores, etc.) y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social en la época romana.

Los medios ayudan a esta estrategia, la competencia televisiva no se basa en ofrecer programas serios, no hay preocupación por la calidad ni por el contenido de la programación.

  • Crear problemas, después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el demandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo se deja invertir en sanidad o educación pública, para que pierda calidad y después se va mentalizando que es mucho mejor la sanidad o la educación privada. O reducir la seguridad ciudadana, para que el índice de criminalidad suba y permita leyes que coarten las libertades de la ciudadanía.

Esto también se realiza a nivel local, para privatizar servicios, se deja de invertir en ellos, para posteriormente privatizarlos.

  • La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado de bienestar mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si se hubiesen aplicado de una sola vez.

  • La estrategia de Diferir

Es más fácil aceptar medidas impopulares en un futuro que en el momento, siempre hay la esperanza que no ocurra. Otra estrategia vinculada a esta es que se venda como “dolorosa y necesaria”.

En ciertos procesos de participación, nos restringen las opciones para que elijamos la que ya tienen predeterminada. Por ejemplo: Escoja entre las tres opciones:

  • Que me roben
  • Que me maten
  • Que me den una paliza.

Como ven en las tres opciones va a perder.  Aunque este es un ejemplo exagerado, muestra que las preguntas no siempre son inocentes y pueden estar orientadas  en su contra.

  • Dirigirse al público de modo paternalista

Cuanto más se pretenda engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

  • Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional y por ende al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones o inducir comportamientos.

Nuestros sentimientos condicionan sobremanera nuestras decisiones. Esta es la razón por la que estimulan nuestras emociones, en vez de basar sus postulados en criterios racionales. Uno de los elementos más empleados es el del miedo, es una emoción poderosa que tiende a nublarnos nuestro raciocinio. Esta estrategia ha favorecido muchos conflictos, por tanto a la hora de tomar decisiones hay que pensar con la cabeza fría.

  • Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.

Cuando menor conocimiento tenga la sociedad, más fácil es manipularla. Cuando realizamos una encuesta y no entendemos las preguntas, más fácil es que elijamos opciones que nos perjudiquen.

Una comunicación autentica se caracteriza por la información dirigida a la creación de una relación entre las partes (de ahí que no exista en ella elemento destinado a dinamitarla como podría ser el engaño), su interés es tener un espacio donde la solución a las diferencias se produzca sin dañarse, donde no haya malentendidos sin aclarar, donde se escuche a la otra parte.

  • Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Muchos de nuestros famosos, alardean de su incultura y vulgaridad. Fácilmente critican a gente que tiene una amplia formación.

Si encendemos la televisión y zapeamos un poco. ¿Qué porcentaje de científicos o representantes de la cultura (excepto actores) salen en la televisión? 0-10% ¿Más?

Y ya no me meto en el mundo de Youtube cuando uno de los vídeos más vistos ha sido el siguiente…

  • Reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que es solamente él, el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades o de sus esfuerzos.

En España hace unos años era habitual escuchar repetidamente por parte de los políticos la siguiente frase: Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

  • Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el que los individuos tienen y ejercen sobre sí mismos.

 

Por tanto es importante ser críticos con toda la información que recibimos y comprender bien que es lo que nos preguntan y que repercusión va tener en nuestra vida.  Y por favor, no seamos borregos, informémonos y seamos críticos.

Para terminar os dejo una fase de Budha:  “La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.

Autor: Jose Taboada

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