Microplásticos, un problema ambiental silencioso

El término Microplástico  ha tenido una gran repercusión mediática, gracias a la elección por la Fundéu BBVA como la palabra del año 2018.  Según esta fundación los Microplásticos se definen como «los pequeños fragmentos de plástico menores de cinco milímetros que o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición».

 


Hasta hace muy poco tiempo, este concepto era ignorado por la población en general, aún hoy sigue siendo bastante  desconocido. Este desconocimiento se debe a dos causas fundamentalmente.

La primera que es que su creación es muy moderna. La fabricación como producto es bastante reciente, ya que comenzó a desarrollarse en la década de los 1980. Hoy en día son muy comunes en productos de limpieza, aunque un gran porcentaje procede de la degradación de otros productos como envases o tejidos sintéticos derivados del petróleo.

La segunda es su difícil detección. Su baja notoriedad se debe a que es imposible detectarlo a simple vista y por tanto muy difícil de evitar.

A pesar de ser una creación reciente,  los microplásticos conforman uno de los grandes problemas  ambientales y toxicológicos de nuestra actualidad.

 Uno de los graves problemas ambientales es la entrada de estas sustancias en la cadena trófica. Aunque que no se bioacumulan , en pequeños organismos sí se cree que pueden producir obstrucciones intestinales y muertes. Algunos expertos creen que la expansión de los micropásticos supone una bomba de relojería ecológica.

Respecto a su repercusión sobre la salud humana, en recientes  investigaciones se han descubierto que es bastante habitual ver los microplásticos en nuestros productos alimenticios, como el agua del grifo, la leche o el aceite de girasol. Según El País, en distintos estudios que han analizado los microplásticos, que ya han llegado al intestino humano, estiman que un adulto medio puede ingerir entre 2.000 y 11.000 microplásticos al año. Los plásticos que aparecen más a menudo en este tipo de estudios son el propileno, básico en los envases de leches y zumos, y el PET, del que están hechas la mayoría de las botellas de plástico.

Como ejemplo del impacto de estas substancias es que en un  reciente estudio realizado  por  Philipp Schwabl,  investigador de la Universidad de Viena,  comprobó que todas las personas participantes mostraban microplásticos.

En Estados Unidos la EPA (Agencia de Protección Ambienta) cundió la alarma cuando un estudio se comprobó que más del 90 % del agua del grifo presentaba esto contaminantes, siendo el primer país en reaccionar al problema y prohíbe desde enero de 2016 su uso en el sector industrial. Otros países como el Reino Unido han seguido esta tendencia prohibiendo estas sustancias en la industria.

Debemos limitar el uso de plásticos

La mayor parte de los investigadores creen que la comunidad internacional debería tomar medidas para reducir el uso de plásticos y buscar un reciclaje eficiente de los mismos, dado que este material sintético tarda cientos de años en desaparecer del medio ambiente y aún no sabemos cómo nos puede afectar a la salud humana.

Además como ciudadanía debemos aprovechar nuestro poder como consumidores, condicionando a que el mercado cree productos más sostenibles. Con esta finalidad podemos consultar en qué productos se encuentran y evitar su compra, apostando por aquellas alternativas que no las contengan. Además debemos comprar aquellos productos que presenten menos embalajes de plástico.A

 


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