Grandes retos para las ciudades del futuro

Según datos de la ONU, el 55% de la población mundial vive en áreas urbanas, una cifra que, según los cálculos realizados, aumentará al 68% para 2050. Si esto ocurre así ¿a qué retos se enfrentarán las ciudades durante los próximos años?

Impedir la degradación medioambiental

Actualmente las ciudades representan menos del 3% de la superficie de la Tierra, pero en ellas se da una concentración extraordinaria de población, industria y uso de energía, lo que implica unos altísimos niveles de contaminación muy localizada así como un alto grado de degradación ambiental. 

En las ciudades, aproximadamente el 78% de las emisiones de carbono se deben a actividades humanas y su huella ecológica va mucho más allá del propio límite urbano afectando a bosques, áreas agrícolas, agua, etc. que ejercen la función de «espacios despensa».

Los problemas ambientales urbanos son en su mayoría derivados de un suministro inadecuado de agua, aguas residuales, residuos sólidos, energía, pérdida de espacios verdes y naturales, expansión urbana incontrolada, contaminación del suelo, aire, tráfico, ruido, etc. Todos estos problemas son particularmente graves en países en desarrollo y países con transición económica, donde existe un conflicto entre el plan económico a corto plazo y la protección del medio ambiente.

Gestionar el consumo de recursos

Las ciudades necesitan recursos como el agua, los alimentos y la energía para ser viables. Sin embargo la expansión urbana reduce las áreas de captación de agua disponibles, merma las tierras agrícolas y aumenta la demanda de energía. Si bien una mejor aplicación de la tecnología puede aumentar la productividad agrícola y garantizar un uso más eficiente de la electricidad, muchas ciudades continuarán luchando para proporcionar estos recursos a una población urbana en constante crecimiento.

Más allá de estos requisitos básicos, el crecimiento aleatorio verá la reducción de los espacios verdes dentro de las ciudades, lo que afectará negativamente la habitabilidad. A medida que el agua dulce se vuelve escasa y las tierras fértiles disminuyen, los precios de los alimentos pueden aumentar, golpeando más duramente a los más pobres.

A todo esto debemos añadir el crecimiento de la huella ecológica. La huella ecológica de las ciudades se define como la cantidad total de tierra productiva necesaria para mantener las actividades actuales y garantizar la eliminación de desechos. La huella ecológica de ciudades como Nueva York o Tokio es cientos de veces más grandes que su tamaño real.

Impedir la desigualdad social

Respecto a la provisión de recursos básicos y a la resistencia frente a las amenazas ambientales, el pronóstico es desigual para los diferentes grupos sociales que cohabitan en la ciudad. A medida que crece el número de súper ricos urbanos también crece, de manera exponencial el número de pobres urbanos.

Puente de la ciudad de Guangzhou. Las pirámides son para impedir que duerman bajo el las personas sin techo. Fuente: www.dailymail.co.uk

Esta desigualdad económica desemboca en una planificación urbana estratificada lo que genera desequilibrios en el tejido de las ciudades con presencia de barrios ricos y pobres dotados de diferentes servicios y distintas calidades en lo tocante a materiales y mobiliario urbano. Esto provoca la aparición de guetos aparejados a la sensación de inseguridad asociada a zonas y horarios.

La brecha cada vez mayor entre los que tienen y los que no tienen se acentuará en las ciudades del futuro. Estas desigualdades, cuando no se controlan, pueden generar conflictos sociales llegando a anularán los beneficios del desarrollo urbano y del propio hecho de vivir en la ciudad. Es una tarea fundamental de los responsables de las políticas garantizar un reparto equitativo de los recursos.

Poner la tecnología al servicio de la ciudad

La tecnología se utiliza cada vez más en el desarrollo y funcionamiento de las ciudades del futuro. La planificación inteligente ya permite aprovechar la energía solar para su uso en urbanizaciones y crear humedales artificiales para el equilibrio ecológico. 

Hoy en día, las ciudades están obligadas a competir para atraer el talento es decir, personas con conocimiento e ideas, y para ello requieren una transformación mediante la creación de un entorno totalmente alineado con la sostenibilidad, el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y la aplicación de la innovación.

Aquí podemos introducir el concepto de smart city o ciudad inteligente. Es necesario apostar por las smart city (libro blanco de las smart city) como un lugar donde las redes y servicios tradicionales se hacen más eficientes con el uso de tecnologías digitales y de telecomunicaciones en beneficio de sus habitantes y negocios. 

Una ciudad inteligente va más allá del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para un mejor uso de los recursos y menos emisiones. Implica redes de transporte urbano más inteligentes, instalaciones mejoradas de suministro de agua y eliminación de residuos y formas más eficientes de iluminar y calentar edificios. También significa una administración de la ciudad más interactiva y receptiva, espacios públicos más seguros y que satisfagan las necesidades de una población que envejece.

La red de transporte como garante de calidad de vida

Cada vez más, las ciudades Al tiempo, el fomento de una movilidad inteligente permite aliviar los inconvenientes derivados de un tráfico excesivo y que ya afectan a muchas ciudades como son los casos de Madrid, Londres, Moscú, Estambul, Bogotá, Ciudad de México…

Parece lógico pensar que a medida que aumenten las poblaciones urbanas, más personas necesitarán medios asequibles y eficientes para desplazarse por tanto invertir hoy en mejorar la red de transporte haciéndola más eficiente y más accesible será garantía de una mejor salud urbana el día de mañana.

Nuevamente las smart city cobran un papel relevante. Lo esperable es que el papel de la tecnología aumente a medida que las TIC continúen integrándose en las ciudades de maneras novedosas. Con el auge de la economía compartida, los nuevos modos y una variedad de servicios de movilidad basados ​​en aplicaciones, las personas tienen más opciones para moverse que nunca antes. 

El desafío para los planificadores de las ciudades es optimizar la eficiencia y ayudar a los pasajeros a entender y utilizar estas nuevas opciones de manera segura y sostenible. Además,es fundamental desarrollar e implementar programas y políticas inteligentes para respaldar a las nuevas formas de transporte colectivo basadas en apps regulándolas y haciéndolas compatibles con los modos de transporte tradicionales.

Autor: Víctor Bouzas


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