El tratamiento de las aguas urbanas provoca cambios en la flora y fauna de los ríos

Ojos del río Pontil

Gestionar parcialmente los ríos (aguas urbanas) para que sean más limpios, sólo disminuyendo la cantidad de fósforo y fitoplancton, puede comportar cambios indeseables en todo el ecosistema por un desequilibrio de los nutrientes. Es la advertencia que lanza un estudio de los investigadores Carles Ibáñez, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), y Josep Peñuelas, del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), publicado en la revista Science.

 


Desde mediados del siglo XX, los países con economías más industrializadas han sufrido un exceso de fósforo en sus ríos y lagos por culpa del abuso de fertilizantes y detergentes con fosfatos, la contaminación industrial y la deficiente depuración del agua urbana, entre otros. Esta sobreabundancia de fósforo, en proporción al nitrógeno, el otro nutriente esencial, provoca un crecimiento excesivo de fitoplancton, origen del aspecto verde que toman las aguas.

El río Ebro en una imagen tomada en 1992, izq., y otra de 2009, dcha. / Carles Ibáñez / IRTA

El río Ebro en una imagen tomada en 1992, izq., y otra de 2009, dcha. / Carles Ibáñez / IRTA

Para intentar poner solución a esta contaminación orgánica, se ha conseguido mejorar la gestión del agua en las ciudades y el uso que se hace de los fertilizantes en la agricultura en las últimas tres décadas. Los resultados son positivos: cada vez hay menos fósforo y los ríos vuelven a tener un aspecto más transparente. Sin embargo, un estudio publicado este viernes en la revista Science alerta que depurar las aguas para que sean más claras no siempre implica un retorno a las condiciones sanas del río, sino que también se pueden producir efectos indeseables en todo el ecosistema.

Es el caso del Ebro, donde a principios de los años 2000 se detectó un cambio repentino de la transparencia del agua por la disminución del fósforo. Desde entonces, se ha producido una proliferación de macrófitos (plantas acuáticas sumergidas, mal llamadas algas) y la aparición masiva de mosca negra, que provoca molestias muy importantes a las poblaciones ribereñas.

La investigación, llevada a cabo por Carles Ibáñez, ecólogo del IRTA en Sant Carles de la Ràpita, y Josep Peñuelas, ecólogo del CSIC en el CREAF de Barcelona, ha comparado datos de ríos y estuarios, mayoritariamente de Estados Unidos y Europa. Estos espacios han pasado de estar eutrofizados, tener demasiados nutrientes, a una situación de nuevo desequilibrio entre el nitrógeno y el fósforo. Este proceso se conoce como reoligotrofización y los resultados publicados muestran que puede tener efectos diferentes en función del tamaño y profundidad del río, o del tipo de sustrato de la cuenca, entre otros factores.

“Los tratamientos con depuradoras son de alcance mundial y habrá que estudiar las consecuencias reales con más profundidad, ya que hemos visto que no siempre son suficientes”, advierte Peñuelas. Así, según Carles Ibáñez, “la mejora parcial de la calidad del agua tiene ventajas”, si bien “también genera inconvenientes si no se hace una gestión integrada a nivel de toda la cuenca de los ríos, teniendo en cuenta tanto los usos urbanos, agrícolas e industriales como los requerimientos ambientales”.

Referencia artículo: Carles Ibáñez y Josep Peñuelas. Changing nutrients, changing rivers. Science. DOI: 10.1126/science.aay2723

Fuente: CREAF/CSIC Comunicación

 


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