¿Cuántos turistas caben en tu ciudad?

Normalmente cuando se habla de turismo, parece ser que nuestro municipio, región o país puede albergar un número infinito de turistas.  Nuestros políticos cada año sacan pecho de que este año nos visitaron miles, millones de turistas dando la impresión que no existe límite. 

Como cualquier territorio, nuestro municipio tiene límites,especialmente en los conjuntos históricos y en los espacios naturales. Los ámbitos ricos en patrimonio (sea natural o cultural) son los más sensibles a cualquier alteración, y el turismo no es menos.

En este post, no queremos demonizar el turismo, porque  aporta grandes beneficios a un territorio. El principal es que valoriza económicamente el patrimonio cultural, natural o paisajístico.  La llegada de turistas supone generalmente a los residentes de estos ámbitos un incremento en su renta económica y la mejora de sus servicios.

Pero la no regulación del turismo puede tener efectos muy negativos para los lugares de acogida. Uno de los más comentados en los cascos históricos es la turistificación o gentrificación derivada por el exceso de turistas. Aunque hay autores como el catedrático Troitiño Vinuesa, uno de los grandes expertos en la planificación turística, hablan de un proceso de elitificación. Las clases más altas, sean turistas o no, desplazan a la población local de sus barrios.

El desplazamiento de la población local también supone una pérdida de los usos tradicionales, banalizando dichos espacios. El fenómeno de las viviendas turísticas apoyado en las aplicaciones de alquiler está acelerando este proceso y modificando el comportamiento de los ciudadanos. Además este proceso de elitificación o turistificación deteriora el paisaje urbano, reduciendo su calidad o singularidad de dichos espacios.

 

Respecto al patrimonio natural la llegada masiva de turistas puede hacer desaparecer el propio recurso.  La fragilidad de estos espacios a la intervención humana es mucho mayor, ya que su singularidad depende en su mayoría de los casos, de la ausencia o de la baja intervención humana. Por esta razón se debe analizar qué número de turistas puede albergar dicho espacio. En los casos de los bienes naturales, existe una mayor concienciación. Muchos de los parques naturales regulan el número de visitantes y tienen zonas protegidas que no pueden visitar los turistas. En el caso de los espacios culturales el análisis de la capacidad de carga o acogida es menos habitual, y aunque se han realizado estudios se refieren a zonas turísticas muy consolidadas. Como los elementos naturales  cada elemento o casco histórico tiene una serie de peculiaridades que lo hacen único. Por esta razón el análisis debe ser personalizado, analizando su contexto y su realidad territorial , en este caso urbana preexistente (social, cultural, territorial y económica). Además se debe analizar el tiempo y espacio necesario que el turista necesita para tener una experiencia satisfactoria del bien cultural (palacio, ruinas, catedral, etc.).

Como ya hemos dicho cada vez es más evidente el impacto de la masiva llegada de turistas en la sociedad local. Por eso es tan importante conocer que capacidad de carga que tienen nuestros municipios, detectando cuales son las zonas y los factores más sensibles. Pero cuando hablamos de la capacidad de carga de ámbitos más grandes (barrios o municipios) además de tener cuenta la sociedad debemos tener en cuenta muchas más cosas como los recursos naturales (energía, suelo o agua) o los residuos. La recepción masiva de turistas dispara el consumo de recursos y genera una gran cantidad de residuos en determinadas épocas del año, pudiendo saturar los servicios municipales. El análisis es el primer paso para estimar el refuerzo de las infraestructuras y servicios existentes.

Además del análisis, las autoridades deben tomar medidas, como la preservación de los cascos antiguos (zonas turísticas) multifuncionales, y que no los protejan como museos, sin pensar en sus residentes. En estos ámbitos existe una alta tendencia de proteger los bienes patrimoniales y desproteger los vecinos de su entorno. Estos centros históricos se llenan de establecimientos hoteleros, bares y restaurantes y otros servicios para el turista, propiciando que la población local le sea muy complicado vivir.  Se debe limitar los usos propiamente turísticos y fomentar usos que permitan la convivencia con la población autóctona (escuelas, servicios sanitarios, supermercados o tiendas de alimentación, etc.).

La capacidad de acogida de turistas de un municipio se le da menos importancia de la que tiene. Pero si no queremos acabar con la gallina de los huevos de oro (turismo), será mejor que gestionemos de una manera más sostenible el sector y nuestro territorio.

Autor: Jose M. Taboada  

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