Claves de la gestión ambiental en el ámbito de la empresa

Durante décadas, muchos sectores han visto la gestión medioambiental y el cuidado de la naturaleza como un freno para el desarrollo industrial, creyendo que unas prácticas más ecológicas podrían frenar la evolución de su modelo de negocio. Sin embargo, gracias a la labor de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que vela por la gestión de los impactos que toda actividad empresarial genera sobre la economía, la sociedad y el medioambiente, esta tendencia ha variado, pues la sostenibilidad empresarial ya es una realidad aplicada.

Así, las cuestiones medioambientales forman parte de los muchos ámbitos que contempla la RSC, desde donde se insiste en que toda actividad tiene un impacto positivo y negativo en el entorno y en que es preciso optimizar todos los recursos utilizados para minimizar la huella que dejan todos los negocios. Pero, ¿por dónde empieza una empresa a ser responsable con el medioambiente?

Calcular la huella ambiental. Para saber cuáles son los puntos débiles de un negocio en materia ecológica, lo mejor es calcular con la ayuda de profesionales la huella ambiental que generan las distintas actividades que se desarrollan. Así, se podrán identificar los objetivos a mejorar y comenzar un programa común que favorezca la sostenibilidad de todas las acciones de la empresa y la concienciación de los trabajadores.

Adaptar las infraestructuras. Pequeños gestos en la oficina por parte de todos los que la forman pueden suponer un importante ahorro energético, reduciendo así la contaminación generada por un negocio. Aprovechar la luz natural y contar con sistemas de iluminación de bajo consumo, controlar que todos los equipos ofimáticos se apagan acabado en día o en periodos de vacaciones e instalar sistemas de aerotermia que ayuden a ahorrar en climatización son solo algunas de las muchas acciones que pueden llevarse a cabo. Si se considera necesario, pueden remodelarse ventanas y paredes para pormenorizar el efecto de los agentes externos en el interior, pues, aunque sea una inversión inicial elevada, permitirá reducir a posteriori el gasto de las facturas. También es recomendable realizar auditorías energéticas para conocer de la mano de los profesionales el estado de todas las infraestructuras y saber si existen mejores opciones que optimicen el impacto de las actividades en el entorno.

Mejorar los procesos. Las acciones individuales no son suficientes para contar con una empresa sostenible que se preocupa por su impacto medioambiental. Hay que mejorar los procesos de producción para conseguir que sean más eficientes y responsables con el entorno, pues de manera mecánica se conseguirá contribuir a diario en la lucha contra la polución y el malgasto de los recursos. Además, hay que sumarle la transformación de aquellos procesos nocivos para la naturaleza por otros que permitan disminuir la huella negativa que las actividades dejan, como los que tienen en cuenta el concepto Multi-R.

Fomentar la cultura empresarial. El desarrollo de talleres, charlas formativas y actividades al aire libre ayuda a fomentar la implicación individual y colectiva de los trabajadores respecto a las buenas prácticas medioambientales. No hay que olvidar que si se establecen metas ecológicas habituales y se motiva a la empresa a cumplirlas, todos los empleados se sentirán parte del cambio y aplicarán a diario medidas mucho más sostenibles que también trasladarán a su hogar.

Reducir los residuos. No solo el ahorro energético en la empresa fomenta el cuidado del medioambiente, también hay que procurar reducir los residuos generados y disponer de materiales menos contaminantes en la oficina. Así, instalar contenedores de reciclaje en zonas comunes para que los trabajadores puedan depositar los desperdicios diarios e invertir en materiales biodegradables (como papel, bolsas y vasos de plástico o muebles) puede ayudar a establecer una compañía responsable que vele por el bien común de todos.

Fuente: 20 minutos


 

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