Buenas prácticas de paisaje

A continuación presentamos una guía elaborada en el marco del proyecto europeo Interreg III Medocc en la que se incluyen algunas orientaciones muy contrastadas para llevar a cabo una intervención en el territorio sujeta a criterios relacionados con el paisaje.

Según Joaquim Nadal i Farreras, Consejero de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat de Cataluña, la definición de una óptica deseable y de unas prácticas razonables nos enfrenta al concepto de la carga ideológica y cultural intrínseca al paisaje, que se nos presenta como el resultado de la acumulación histórica de la intervención humana sobre el territorio. A lo largo de los siglos, la humanidad ha ido definiendo unos cánones sobre la belleza y sobre el paisaje que hemos convertido en el paradigma para determinar la armonía o la fealdad de un espacio.

Claro está, sin embargo, que la evolución de la sociedad y de la economía plantea diversas intrusiones en el paisaje supuestamente natural y geométricamente organizado a partir de las primeras roturaciones y de los intentos sucesivos de explotación agraria, ganadera o forestal. La naturalización del paisaje como paradigma de belleza choca en nuestra sociedad con los grandes desarrollos urbanos, la evolución demográfica, la dimensión de los asentamientos humanos y el conjunto de la actividad económica de transformación caracterizada por la industria. Además, la motorización de la sociedad y el desarrollo de las grandes infraestructuras del transporte plantean nuevas intrusiones en el paisaje, que en la mayoría de los casos son imprescindibles para hacer más llevadero, aunque no siempre sostenible, el modelo de desarrollo económico en el que se ha instalado una sociedad cuya demografía crece exponencialmente.

Se han expuesto, así, la práctica totalidad de los ingredientes que definen el problema, si bien todavía no hemos planteado todas las líneas de un debate que resta todavía pendiente. Así, las más recientes formulaciones sobre la idea del tercer paisaje nos enfrentan a la posibilidad de la evolución espontánea de los espacios periurbanos e instersticiales como garantía para el normal desarrollo de la diversidad. Para algunos parece como si a menor intervención y ordenación por parte de la sociedad más garantías pudiéramos aportar para el mantenimiento y desarrollo de la diversidad.

 

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