Artículo de opinión: ¿Cuánto vale la naturaleza?

Si un malhechor entrara en el Museo del Prado y dañase alguna de las obras maestras de nuestra pintura que cuelgan de sus paredes, la noticia abriría todos los informativos del día y sería portada en todos los periódicos.

Grave daño a nuestro patrimonio. Un daño de valor incalculable. Esos serían algunos de los mensajes que se repetirían ante tal desgracia, que todos coincidiríamos en lamentar. Lo mismo ocurriría si alguien dañase alguno de nuestros monumentos más emblemáticos o un edificio histórico. Porque la sociedad en su conjunto ha interiorizado el alto valor de nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural, hasta el punto de que cualquier daño a ese legado se entiende como propio.

Luego está la cuestión económica. El valor de Las Meninas, El caballero de la mano en el pecho o Los fusilamientos es incalculable. Como incalculable es el tesoro que representa La Giralda, la Catedral de Burgos o el Monasterio de Poblet. Además de su belleza, del placer que experimentamos ante su contemplación ¿Cuánto valen estos representantes de nuestro patrimonio nacional? Imposible de cifrar.

Sin embargo no ocurre lo mismo con otro de nuestros patrimonios comunes más preciados: el natural. Las mermas y los agravios a nuestra biodiversidad cotizan a la baja si las comparamos con otra pérdida patrimonial. De lo contrario ¿cómo se explica que en este país se sigan atropellando linces, matando lobos, envenenando águilas imperiales, atrapando osos en lazos ilegales, cazando urogallos o pescando atunes rojos sin que esos hechos ocupen las portadas de los diarios y abran los informativos de la radio o la televisión?

Un patrimonio anónimo para la población

Pues porque no lo consideramos como una pérdida de patrimonio o simplemente no les damos valor. ¿Cuánto vale la mariposa isabelina? ¿Cuánto el hayedo de Montejo de la Sierra o el tajinaste del Teide? ¿Qué precio tiene la llegada de las grullas a la Laguna de Gallocanta, la colonia de buitres de las Hoces del Duratón, los rebaños de rebecos de Ordesa o el paso de los delfines, las ballenas y las tortugas marinas por las islas Cíes?

Si la biodiversidad cotizara en los mercados España formaría parte, no ya del G-8 sino del G-3. No somos conscientes de lo inmensamente afortunados que somos al albergar el mosaico de ecosistemas más variado del continente y la biodiversidad más rica. Disfrutamos de uno de los patrimonios naturales más importantes del mundo, un patrimonio que sin embargo permanece anónimo para la mayor parte de la población.

Somos inmensamente ricos en multiplicidad natural pero no le damos el valor que merece. Ignoramos nuestra mayor hacienda, y por consiguiente no somos capaces de protegerla.

El mejor ejemplo está en los recortes llevados a cabo por el gobierno en los presupuestos destinados al mantenimiento y la conservación de la Red de Parques Nacionales, unos recortes que han alcanzado el 75% en los últimos dos años. Eso no es un recorte, es una amputación por la que nuestra naturaleza se está desangrando. Si somos capaces de actuar con semejante desprecio ante los elegidos ¿Qué no estará pasando con el resto de nuestros espacios naturales?

Autor: Jose Luís Gallego

Fuente: La Vanguardia

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